En 2020 se han registrado tres de las más grandes ofertas públicas iniciales en la historia del mercado de valores estadounidense, obviamente me refiero a Airbnb, DoorDash y SnowFlake, las tres empresas tecnológicas que entre otras más, aprovecharon el momentum que la pandemia les brindó, para debutar en el mercado de valores con un resultado sobresaliente.

No solamente estas empresas debutantes en el mercado de valores fueron beneficiadas de la “nueva normalidad”, también lo fueron las empresas tecnológicas incumbentes, como Amazon, Netflix, Facebook etc. desatando la polémica sobre el valor de capitalización de mercado que varias de ellas tienen, ya que en algunos casos como es el de Zoom, el precio por acción, promedió el equivalente a 280 veces las utilidades por acción de los últimos doce meses o Airbnb que aún no logra consolidar la ruta a la rentabilidad y sin embargo cotiza a múltiplos muy superiores con otros jugadores del sector de la hospitalidad.

Más allá del frenesí de los inversionistas, lo cierto es que los flujos de inversión se han canalizado a empresas tecnológicas que abren expectativas para convertirse en el principal motor del crecimiento económico post pandemia, tan así que Amazon entre enero y octubre contrató la friolera de 427,300 empleados, cifra 22% mayor a los empleos recuperados entre agosto y noviembre en México. Lo cual nos da la perspectiva de la diferente velocidad a la que puede recuperarse nuestro vecino del norte.

Mientras tanto en México, ante el cierre definitivo de más de un millón de empresas y el aumento relativo de los niveles de endeudamiento de las empresas a consecuencia de una caída en los ingresos por el cierre parcial de la economía y la necesidad de tomar créditos para preservar su liquidez, poco se ha discutido sobre como fomentar una rápida recuperación económica que vaya más allá de las políticas públicas.

La clave está centrada en provocar el aumento de la productividad, para facilitar el desapalancamiento de las empresas y recuperar el potencial de crecimiento de largo plazo, aún a pesar de una tendencia en la inversión privada que se recupera lentamente.

En este sentido, la gran oportunidad yace en la adopción temprana de la tecnología y la promoción de emprendimientos orientado a la innovación disruptiva como fuente creadora de nuevos mercados, tal como propone Clayton Christensen en su libro “La Paradoja de la Prosperidad”. No olvidemos que precisamente durante la pandemia, el ecosistema emprendedor mexicano sumó a Kavak, como su primer unicornio y registró una ronda histórica de financiamiento en etapa semilla para un emprendimiento, por parte de Jüsto.

Abonando a lo anterior, podemos visualizar el impacto de este tipo de emprendimientos en Estados Unidos, la inversión en Capital Emprendedor (VC) representó el 0.2% del PIB en 2019, sin embargo, estas empresas respaldadas con estas inversiones contribuyeron con más del 21% de la producción de bienes y servicios.

Actualmente en México, los emprendimientos tecnológicos de alto impacto se concentran en innovaciones relacionadas con los servicios de consumo, bienes raíces y servicios financieros, lo cual hace sentido con las tendencias seculares respecto a la masificación del uso de smartphones, un mayor acceso a internet y la demografía de nuestro país, por lo que la oportunidad de atender las necesidades relacionadas es aún amplia. Así que si lo que deseamos es cosechar una mayor productividad de todos los factores, pues es momento de que comencemos a sembrar más tecnología, las semillas de la inversión están en nuestras manos.