El ahorro que los mexicanos mantienen en depósitos bancarios equivale a poco más del 24% del PIB y salvaguardar ese ahorro, fue precisamente fue el objetivo final de las medidas implementadas conjuntamente entre bancos y autoridades financieras para que los acreditados afectados por la pandemia pudieran beneficiarse de programas de diferimiento y reestructuras desde abril del año pasado.

A inicios de año persistía el temor entre inversionistas sobre un deterioro acelerado a consecuencia del término de los programas de apoyo, sin embargo, entre febrero y marzo la confianza comenzó a recuperarse, lo cual podemos ver reflejado en el aumento del precio de las acciones de los bancos listados en la bolsa de valores. De esta manera con las últimas cifras disponibles, al mes de julio, el sistema bancario luce bien capitalizado, con liquidez suficiente y todavía recursos disponibles hasta por 1.2 Billones de pesos para contribuir con financiamiento a la recuperación económica en marcha (La diferencia entre la captación total y la cartera de crédito), haciendo suponer que lo peor ya ha pasado.

La situación que guarda actualmente este gremio toma relevancia si contextualizamos que Banxico tuvo que terminar con el relajamiento monetario desde finales de junio con un aumento acumulado en la tasa de referencia de 50 puntos base y la expectativa de continuar con más incrementos antes de concluir el año, lo cual encarecerá nominalmente el crédito a las empresas y recordando que la mitad del financiamiento interno al sector privado proviene de esta fuente.

Esta fotografía a nivel nacional, ¿También se ve reflejada en nuestro estado?

Iniciando por la captación de recursos, mientras que a nivel nacional la variación anual real fue de -6.9%, en Guanajuato de forma opuesta aumentó 6.37%.

Ahora bien, en lo que respecta a la cartera de crédito empresarial, el comportamiento también fue alentador en nuestra entidad, pues, aunque registró una contracción anual del -3.4%, esta fue menor a la sufrida a nivel nacional en -15.8%. Al respecto, marzo fue el mes en que se registró el punto de inflexión, y desde ahí esta cartera retomó un crecimiento mes a mes a una tasa de 0.53%.

En cuanto al índice de morosidad, a pesar de que en la cartera empresarial en la entidad presentó mejoría respecto al año pasado, al pasar de 3.07% a 2.77% continuó reflejando mayor deterioro en comparación a la cartera nacional, en donde aumentó el índice alcanzando 2.09% desde un 1.65% hace un año.

Hasta aquí podemos concluir que la tendencia es positiva en términos generales e inferir una recuperación gradual del crédito que seguirá el comportamiento del PIB en la entidad, sin embargo, al desagregar los números por tamaño de empresa la historia es diferente.

La contracción de la cartera de crédito empresarial en términos anuales reales fue mucho más significativa para las empresas pequeñas con una reducción del -14%, seguido de las empresas de tamaño Micro -4% y Grandes -1%. En oposición las empresas de tamaño mediano fueron las únicas que aumentaron su acceso al crédito registrando un crecimiento real anual del 6%. Esto tiene sentido, pues los bancos optaron por reducir su riesgo al financiar empresas de mayor magnitud sin tener que incrementar la concentración de su cartera en pocos acreditados.

La oportunidad yace en ampliar el acceso al financiamiento a las PYMEs, quienes son el mejor aliado para la recuperación debido a su contribución en el empleo, ya que ocho de cada 10 empleados son generados por estas empresas, empleos que al recuperarse directamente inciden sobre el consumo generando una círculo virtuoso.

Es atractivo y atrae reflectores atraer inversiones de grandes empresas a establecerse en el estado, sin embargo, la rentabilidad de los recursos públicos podría ser mucho mayor, especialmente articulando incentivos en coordinación con entidades financieras especializadas en atender esos segmentos, ya que como hemos podido ver, la banca carece de los incentivos y regulaciones adecuadas para poder aprovechar esta oportunidad.