‘El Amo’ coordinó la campaña del cura Mercado en Nayarit y la toma de Colima por su hijo –llamado José Antonio Torres Benegas– y una vez dueño de toda la Nueva Galicia y de buena parte de Michoacán invitó a Hidalgo y Allende a visitarlo, considerando aquella amplia región como territorio libre.

Conocido como ‘el Amo’ por su trabajo de mayordomo en una rica hacienda familiar, José Antonio Torres Mendoza nació hacia 1760, en San Pedro Piedra Gorda –hoy Ciudad Manuel Doblado, Gto.-.

Desde niño realizó labores del campo y se dedicó a la arriería, lo que le permitió recorrer el centro y el occidente de la colonia, escenarios de sus futuras hazañas. Sin contar con preparación escolar, José Antonio suplió esta carencia con iniciativa, valentía y una gran capacidad de trabajo.

Consciente, en su calidad de mestizo, de la injusticia social de su tiempo, José Antonio acudió con Miguel Hidalgo en 1810 a ofrecer sus servicios. La entrevista se efectuó en Irapuato y en ella obtuvo el grado de coronel y la comisión de insurreccionar la región occidental.

Una vez definido el encargo, Torres levantó en pocos días un gran número de guerrilleros; entre ellos a Onofre Gómez Portugal y Toribio Huidobro, a quienes les encargó combatir en la Nueva Galicia. Mientras tanto él se lanzaba sobre Guadalajara.

La victoria de Zacoalco, donde consiguió que la caballería del enemigo se pasara completa a su lado, le abrió el camino a la capital provincial, misma que ocupó el 11 de noviembre de 1810, dando muestras de disciplina y orden en sus tropas.

Desde allí ‘el Amo’ coordinó la campaña del cura Mercado en Nayarit y la toma de Colima por su hijo –llamado José Antonio Torres Benegas– y una vez dueño de toda la Nueva Galicia y de buena parte de Michoacán invitó a Hidalgo y Allende a visitarlo, considerando aquella amplia región como territorio libre.

Para entonces, los principales líderes del movimiento pasaban por momentos difíciles: Miguel Hidalgo se encontraba en Valladolid (Morelia) con pocos seguidores, luego de la derrota sufrida en Aculco, y Allende era acosado en Guanajuato por el principal ejército realista. Para ambos, el llamado de Torres representó una oportuna salida a su situación.

Hidalgo arribó primero e hizo de Guadalajara la sede de su efímero gobierno. Allende llegó resentido porque el cura no le había auxiliado en la defensa de Guanajuato. Los dos, sin embargo, terminaron colaborando para enfrentar a las tropas de Félix María Calleja que se aproximaban.

En la batalla del puente de Calderón, el 17 de enero de 1811, ‘el Amo’ recibió el mando de la retaguardia, por lo cual no intervino en los movimientos principales de aquella trágica jornada. No obstante, en la retirada, se reencontró con los cabecillas que huían hacia el norte. En Saltillo quedó como segundo de Ignacio López Rayón en el ejército encargado de mantener la lucha mientras los líderes se reabastecían en la frontera con los Estados Unidos.

Cuando supo de la traición en Acatita de Baján, Torres propuso ir al rescate de sus superiores apresados; pero Rayón decidió no arriesgar los efectivos que quedaban y regresar al centro de la colonia a reanudar la guerra. Así, los dos toman Zacatecas en el mes de abril.

Unos días más tarde, al abandonar este mineral, son derrotados en el rancho del Maguey, lo que ocasiona el distanciamiento de ambos líderes. José Antonio parte a Santa Ana Pacueco y luego a La Piedad. La persecución de los realistas no le da descanso y termina refugiándose en Tacámbaro.

A finales de mayo, “el Amo” se une a otros jefes insurrectos e intentan apoderarse de Valladolid. Esta audaz acción no prospera; pero advierte al gobierno de la capacidad de los guerrilleros para reagruparse y aparecer donde menos se sospecha.

Por cierto, en una escaramuza en la garita de Chicácuaro, José Antonio es herido por la metralla en el brazo izquierdo, el cual debe amputársele para evitar la muerte por gangrena.

Recuperado, se hace cargo de los grupos rebeldes en Uruapan y Pátzcuaro. La persecución en su contra se intensifica dado el prestigio que tiene entre los sublevados y rinde su fruto al ser capturado por el oficial Antonio López Merino, cerca de Tupátaro, Michoacán.

En la refriega, los hombres de Torres demostraron la fidelidad a su líder, pues allí murió la mayor parte de los 400 que le acompañaban, unos a filo de bayoneta y otros al ser incendiadas las trojes donde se habían refugiado.

‘El Amo’ fue conducido a Guadalajara, donde se le sometió a un proceso sumario, siendo condenado a la horca y al posterior descuartizamiento. La sentencia fue cumplida públicamente el 23 de mayo de 1812.

Para escarmiento, sus restos se exhibieron en Zacoalco y en las garitas de la propia Guadalajara, bajo un letrero ignominioso que rezaba: “José Antonio Torres, traidor al rey y a la patria, cabecilla rebelde e invasor de esta capital”.