Rostros de la crisis, al momento…

Los efectos de la crisis económica que ha traído la pandemia de COVID-19 están presentando una serie de datos que nos muestran diferentes manifestaciones en todos los rubros, mostrando un tablero diverso que sólo con el tiempo podrá ser plenamente estudiado con aproximaciones sobre lo que realmente estaba pasando en la realidad económica de individuos, empresas y gobiernos, que además aparece altamente dinámica y cambiante mes a mes.

Por ejemplo, mientras estamos entrando en una etapa de reactivación económica, luego del confinamiento, cierre de actividades productivas y el atorón del comercio nacional e internacional, lo que genera algunas expectativas de cierta esperanza a no caer tan bajo como se pensaba, en el seno de las familias y empresas comienza a emerger el agotamiento, traducido en aumento de deudas e incumplimientos en el pago de estas, mientras el Gobierno Federal se obstina en atender sus mega proyectos y no a la nación.

Los agregados monetarios y actividad financiera de agosto dados a conocer por el Banco de México (Banxico), cartera de crédito vigente al sector privado, se redujo 1.4 por ciento real anual. En julio, esta había mostrado, todavía, un ligero crecimiento de 1.1 por ciento. De esta forma, el saldo se ubicó en los 4.8 billones de pesos.

Lo que presentan estos datos es que la gente y las empresas, muchas de ellas, agotaron su capacidad de endeudamiento, porque la emplearon en los meses previos para tratar de solventar sus problemas de liquidez. Ahora navegan solitos. Otro reflejo de esto es que la capacidad de crédito al consumo también se vino abajo en agosto, al contraerse en 9.7 por ciento en su comparación anual. Ya no hay cómo salir adelante, porque no hay de dónde cortar tela.

En esta tesitura, el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero, donde participa la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el banco de México, entre otras instancias, observan que “persisten riesgos de consideración” en el funcionamiento del sistema bancario por su exposición a los sectores de mayor afectación en sus ingresos. En otras palabras, la cartera vencida -morosidad- va creciendo y comienza a verse como riesgo para el sistema crediticio nacional.

En contraste, las remesas siguen llegando y reventando las marcas. Pero ojo, este fenómeno que el presidente Andrés Manuel López Obrador festina como si fuera exclusivo de México, no lo es, está pasando en varias naciones, como India, China o Egipto. Los migrantes están realizando tremendos esfuerzos por apoyar a sus familias y ha comenzado a estudiarse la situación.

De acuerdo con los datos dados por Banxico, el monto de los envíos sumó en agosto 3 mil 574 millones de dólares, superior a los 3 mil 531 millones de dólares de julio, que habían disminuido ante junio, que habían sido de 3 mil 536 millones, es decir, en agosto repuntó fuertemente., siendo el segundo mejor mes del año en la materia, sólo por abajo del sorprende marzo, cuando ingresaron 4 mil 404 millones de dólares. Al momento son 26 mil 395.7 millones de dólares los contabilizados en las remesas, entre enero y agosto de este año, 9.4 por ciento superiores a las enviadas en el mismo lapso de 2019.

Los datos para Guanajuato, al igual que para el resto de entidades federativas, a agosto, no ha sido presentado, aunque hasta julio nuestra entidad había recibido 9.27 por ciento de los envíos nacionales.

De acuerdo a sondeos hechos en los Estados Unidos, los mexicanos han enviado más dinero a sus familias en México por tres razones primordialmente: la primera, porque creen que si allá la cosa está muy complicada, acá está peor y la familia necesita más apoyo; segundo, se han elevado los enfermos y muertes en México, por lo que ha sido necesario sufragar los gastos extraordinarios de las familias en este lado del Río Bravo; tercero, piensan que de seguir las cosas mal en la Unión Americana, incluido aumento de racismo, es posible que deban regresar a nuestro país en un futuro próximo, por lo que han comenzado a armar su propio “cochinito” para subsistir en nuestro país. Y esta forma de asumir la emergencia sanitaria, se repite en migrantes de otros países, sobre todo latinoamericanos.

Por otra parte, el Banco de México presentó este jueves primero de octubre los resultados de sus encuestas entre diversas consultorías y bancos sobre cómo se visualiza la economía al cierre de 2020 y lo que vendrá en 2021 y los próximos diez años. El primer dato revelador es que sigue considerándose que la caída del Producto Interno Bruto (PIB) será muy fuerte, con una media de -9.80 por ciento, ligeramente mejor a la de agosto, cuando los analistas habían previsto que sería de 9.97 por ciento. Es decir, hay una leve confianza en la reactivación económica observada.

Para 2021 el pronóstico de los encuestados nos indica que esperan un crecimiento del PIB del 3.26 por ciento; para 2022 de 2.33 por ciento y el promedio para los próximos diez años, del 2021 al 2030, del 1.95 por ciento.

Finalmente, en septiembre la encuesta de analistas del Banco de México nos cita que la inflación se estima para 2020 de 3.89 por ciento y la anualizada para 2021 de 3.59 por ciento.

Si hay una leve recuperación, una obviedad cuando se parte de prácticamente cero en este reinicio, pero a la distancia, será lento el desempeño de la economía, pasándola muy difícil las familias y las empresas que han quedado ahorcadas. El sexenio será perdido en materia económica, porque el crecimiento será poco, sin contar qué nos depara el futuro…