Ha resultado toda una sorpresa para el empresariado la exposición del jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Alfonso Romo, en la XLII Convención del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), donde afirmó que la economía del país se está manejando en el gobierno de forma errónea, como “si se tuviera un crecimiento del nueve por ciento, cuando en realidad el país tiene un decrecimiento en ese porcentaje”.

Todo mundo sabe que, en este sexenio, la política económica no la maneja ni el secretario de Hacienda y Crédito Público ni mucho menos la secretaria de Economía, lo hace de manera directa el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien hasta se dio el lujo de publicar un texto donde enfatiza que, en su gobierno, la pretensión es llegar a la construcción de una “economía moral”, la cual, por cierto, es tomada de una formulación idealista del siglo XVIII para comunidades agrícolas pequeñas sustentando las relaciones económicas bajo paradigmas de solidaridad, justicia y reciprocidad.

Lo que no se supo tras el comentario de Alfonso Romo en IMEF es si la crítica que ejerció sobre la conducción gubernamental de la economía (en condiciones normales supondría ser autocrítica), es en realidad una manifestación de insatisfacción contra lo que se dice y hace, en materia económica, en Palacio Nacional por su jefe, porque tiene un pie fuera del gabinete, o es la aceptación, por fin, de que las cosas se han venido manejando mal.

Más allá de las motivaciones de Romo para decir tal cosa, lo cierto es que lo dicho se alinea a dos vertientes: primero, se acepta que las decisiones se están tomando con base a una idea errónea de la realidad, se actúa como si las cosas estuvieran de lo mejor, cuando estamos de lo peor; y segundo, es la primera vez que alguien del círculo más cercano al presidente López Obrador acepta que la caída del Producto Interno Bruto es del 9 por ciento. Ni siquiera el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, había sido tan audaz.

El remate de Alfonso Romo es también para enmarcarse, acepta, en esta tesitura, que la inversión privada nacional -de un orden de 30 mil millones de dólares- está detenida, y no jala la inversión extranjera ni abre los flujos de financiamiento de la banca, del orden de 1.2 billones de pesos, porque la 4T no ha generado condiciones de certidumbre. No se pueden poner ciertas reglas al juego económico y luego estarlas cambiando o no respetando, sin transparencia.

¿Qué habrá pasado con Alfonso Romo, el asesor, antes estrella, del presidente en relaciones empresariales, quién apenas en septiembre trató de poner mordaza a los empresarios en el Consejo Nacional Agrario para que no ventilaran sus diferencias con el gobierno de la 4T y mejor se arreglaran en privado?

Aviso de Ocasión

Que alguien le avise al presidente López Obrador que la refinería para gasolinas que está haciendo en los inundados pantanos de Tabasco, tiene poco futuro y aún está a tiempo de parar este desatino y reconvertir su política energética basada en el petróleo.

Reino Unido anunció que adelantará legalmente sus disposiciones para restringir la compra de cualquier vehículo de combustión interna a partir del 2030, una medida que parece será seguida por el resto de Europa donde se tiene planeado implementar la medida en 2035.

No sólo eso, General Motors Company (GMC), que por cierto tiene varias armadoras en México, una de ellas en Silao, acaba de informar que comenzará a transformar su proceso de producción de vehículos de combustión interna a eléctricos. Acelerará el desarrollo de 12 vehículos eléctricos que está desarrollando para sus cuatro marcas: GMC, Chevrolet, Cadillac y Buick.

Mary Barra, presidenta de GMC, citó que “el cambio climático es real y queremos ser parte de la solución poniendo a todo el mundo en un vehículo eléctrico. Estamos en transición a una gama exclusiva de eléctricos desde una posición de fuerza y enfocados en el crecimiento”. La preocupación de la empresa se centra en los cambios que se han anunciado en Europa, sobre todo, ojo, a los que se están dando en Estados Unidos, California ya dispuso que desde 2035 no se venderá un solo auto de combustión interna en su territorio.

Mismo cambio climático, por cierto, que cada año, con más intensidad, está provocando fuertes vientos y lluvias en nuestro país, las mismas que tienen bajo agua y tendrán en las siguientes décadas, a la región donde está la refinería de la 4T. Palacio Nacional debería ver al mercado energético del 2050, en 30 años, no al de 1970, hace 50 años.

En Guanajuato,  por cierto, el clúster automotriz ya está planeando también su cambio de línea de producción, el futuro eléctrico se ve en el camino.