Economía y sociedad

Cambiar para mantenerse

La compañía Philip Morris International, propietaria de la marca Marlboro, entre otros, ha estimado que antes de dos décadas se dejarán de vender los cigarrillos en muchas partes del mundo por las políticas regulatorias que buscan inhibir su consumo y el cambio que se ha venido dando entre las personas al abandonar su uso.

En este escenario, fatal para su negocio de décadas, la propia empresa ha determinado cerrar la producción de cigarros en países como México de forma planificada, en este caso, en 10 años. Entienden que la presentación tradicional de sus tabacos ya no será negocio y que es hora de cambiar la forma de hacerlo llegar a quienes son adictos a la nicotina.

Philip Morris tiene echado el ojo en el desarrollo de los llamados IQOS, dispositivos electrónicos que, al calentar unidades de tabaco, entregan nicotina, la cual, como ya dije, es adictiva y no está libre de riesgo. La tabacalera lo sabe, pero argumenta que es legal el consumo y que en esta modalidad ya no afectan a los pulmones.

Bien, más allá de que ellos están cabildeando con autoridades de salud y legisladores para que les permitan participar del mercado con instrumentos que consideran seguros, luego de que México cancelara hace tiempo la importación de los IQOS, antes de que la autoridad estadounidense FDA revisara en julio las tecnologías ya mejoradas y permitiera su venta, lo relevante es, cómo en una industria de tantos negativos como es la tabacalera, con el uso de la ciencia, desean sostenerse en el mercado, adecuándose a las nuevas realidades internacionales.

La industria petrolera pasa por el mismo caminito. La necesidad de eliminación de gases por energías fósiles, como medida contra el cambio climático, se impondrá al paso de los años. El freno a este proceso en los Estados Unidos es seguro que se eliminará a partir del próximo año, si es que Donald Trump pierde las elecciones. Y aún si ganara, no pasará mucho tiempo antes de que la propia sociedad estadounidense adopte el cambio a energías limpias, de hecho, en sus estados ya hay leyes que impedirán el uso de combustión interna en 15 años.

En México, hace unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador ha puesto en marcha la reactivación de plantas de la Comisión Federal de Electricidad que usan carbón, el combustible del siglo XIX. Y afirma que lo hace para salvar la soberanía nacional. Lo mismo argumenta con su obsesión en torno al rescate de Pemex y la nueva refinería, en su tierra, Tabasco, en un lugar, por cierto, que estará probablemente bajo el agua en 50 años por el calentamiento global.

No discutiré la importancia histórica de ambas empresas ni su condición estratégica. Pero si el modo de hacer las cosas. Atendiendo el futuro, su adaptación y fortalecimiento debe partir de un cálculo sobre lo que se avecina y no con la mirada nostálgica del gobierno Jolopo que tenemos, anclados en sus juventudes estatistas de los setenta.

Las armadoras automotrices ya están transformando sus plantas, porque en 15 años deberán producir autos eléctricos, esencialmente, ya no de combustión interna. En 30 años seguramente ya no circularán vehículos que usen gasolina, luego de que agoten su capacidad de servicio los últimos que hayan sido producidos. De esta forma, ¿a quién le venderá gasolina la refinería hecha en Dos Bocas y las demás que tiene Pemex?

Hemos estado dilapidando recursos preciosos para la nación en un proyecto del presidente que bien podría haber amortiguado los efectos de una pandemia que ya nos arrebató a casi 100 mil personas y ya enfermó a un millón de compatriotas, dejándonos una economía ruinosa. Las refinerías, en todo caso, debieran irse transformando en sitios de alta petroquímica secundaria, porque el petróleo genera alta riqueza en otros productos, que no dejarán de usarse.

En cuanto al sector eléctrico, también debiera transitar a un modelo de fortalecimiento de la CFE, pero abriéndose a nuevas tecnologías, más seguras. Inclusive no está mal que se animen al uso de la energía nuclear, si se hace con procedimientos de alta tecnología, seguridad y sin corrupción. Pero el retorno al carbón no deja de ser una solución irresponsable, populista y que en realidad sólo beneficia a las empresas mineras, no a los trabajadores, que siguen explotados en las minas.

Los tabacaleros podrían enseñarle un poco de reconversión al presidente.

Aviso de Ocasión

Como lo habíamos advertido en este espacio, será muy lenta la recuperación económica nacional luego de la caída provocada por la pandemia de COVID-19, máxime en este escenario de confrontación y la carencia de liderazgo económico en Palacio Nacional, afectado de origen por la inexistencia de un pensamiento económico sofisticado en el presidente de la república.

El investigador de la UNAM, Enrique Dussel Peters, en la Hannover Messe leonesa, vino a confirmarle al sector zapatero que será hasta 2022 cuando vean salir el sol. Lo que viene es una carrera de resistencia, que pone en riesgo entre 32 mil y 40 mil empleos y la sobrevivencia de 4 mil 300 empresas en la entidad, que no producen ante un mercado contraído.

Se necesita la reorganización y una visión estratégica, para que sector privado y gobierno, logren la resistencia y la capacidad de respuesta, en el entendido de preservar las empresas y los empleos.