El Pontífice de las Casas de Moctezuma

“Lo que está en juego en la noción de laicidad es la cuestión de saber cómo unir nuestras diferencias, con respeto y serenidad y con un espíritu de convivencia”.

Pueblo de Francia

Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, rindió este pasado martes un homenaje de Estado, de cuerpo presente, al profesor de historia Samuel Paty, que fue decapitado por extremistas islámicos, luego de que en una clase enseñara sobre la importancia del laicismo y la libertad de expresión en la vida pública de Francia, tomando como ejemplo las caricaturas de Mahoma hecha en la revista Charlie Hebdo, que provocaron un ataque terrorista y la muerte de 12 personas, entre ellas las mexicanas Michelli Gil Jáimez y Nohemí González, en 2015.

Francia, desde 1905 es un Estado Laico, y precisa que la laicidad “contra cualquier forma de intolerancia, de discriminación, asegura el respeto de tres grandes principios: la libertad de consciencia y libertad de culto; la separación de las instituciones públicas y organizaciones religiosas; y la igualdad de todos delante la ley independientemente de sus convicciones religiosas. Estos principios van juntos, ya que es la República quien, protegiendo la neutralidad en los servicios e instituciones públicas, garantiza la libertad de conciencia y, por consiguiente, la libertad religiosa”.

México, casi medio siglo antes, logró separar a la Iglesia del Estado. Benito Juárez y sus compañeros que conjuntaron la llamada Reforma, les ofrecieron a los mexicanos el camino para encontrarse a partir del respeto a la diferencia, en un entorno de libertad. Hoy, un presidente que se dice juarista es el primero en quebrar la laicidad y a partir de ello transfiere a sus actos de gobierno una condición de orden religioso, alejándose de los instrumentos que la vida pública dispone para dirimir las diferencias, desde lo civil.

En medio de la mayor crisis en la historia económica moderna del país, Andrés Manuel López Obrador se agarra de los clavos ardientes del nacionalismo y sus creencias religiosas para ir contra la inversión extranjera en materia energética y ese fantasma de mil esencias que llama neoliberalismo, para no aceptar que la Sala 1 de la Suprema Corte de Justicia de la Nación le haya rechazado por infundado su recurso de reclamación contra la decisión de suspender la política energética de la Secretaría de Energía, gracias a la controversia constitucional que interpuso la Comisión Federal de Competencia Económica.

AMLO, cuando no domina un tema y se enoja, tiende a hablar de más y comete errores. Alude generalidades y aplica su sencilla retórica desprendida de cualquier texto de secundaria del siglo pasado. Por eso, cuando ayer condenó la participación del sector privado en el mercado energético, aseveró “a nosotros no nos interesan los negocios privados, nos interesan los negocios públicos”.

En ese momento comprendió la importancia de lo que dijo y dosificó su malestar al agregar: “… o, para no ser tan tajante, los únicos negocios a los que se les debe de dar toda la atención es (sic) a los negocios públicos, porque nosotros somos servidores públicos”. Enredado en su propia lengua, el presidente, nuevamente, hizo la salida fácil al precisar que su administración no está para atender a las empresas sino al pueblo de México, esa abstracción. Bueno, la Corte le acaba de explicar que entre el pueblo también están las empresas, que todos están sujetos a la Constitución y que su gobierno debe atenderlos y de paso respetar la Carta Magna.

Para rematar López Obrador tomó prestado del papa Francisco algún fragmento de su pensamiento y nos ofrece su interpretación: “…acaba de dar a conocer el papa Francisco, una condena al neoliberalismo, cómo es la política neoliberal contraria al humanismo. En su concepción religiosa dice: ‘contraria al Evangelio’, porque es lucro, porque no considera fundamental el pensar en los demás, porque hace a un lado el amor al prójimo”.

AMLO está convencido de que la palabra lucro es maldita y contraria a lo que cree bueno desde su pensamiento religioso. Si se diera un poco de tiempo para acudir al Libro Gordo de Petete o al diccionario y no a sus lecturas religiosas, podría saber que lucro es “Ganancia o provecho que se saca de algo”, lo elemental en cualquier negocio o transacción.

Ahora quiere nuevamente cambiar la Constitución para regresar a los años 70´s del siglo XX y acabar desde ahí con la “maldad neoliberal”, ratificando los monopolios de Pemex y CFE. Sólo una cosa presidente, usted prometió que no subiría la electricidad ni la gasolina en su mandato. Ayer el INEGI dio a conocer que ya tenemos inflación de 4.09 por ciento y entre los productos que más subieron estaba la electricidad, el gas y la gasolina, qué sorpresa.