Norma Rocío Nahle García, Octavio Romero Oropeza y Manuel Bartlett Díaz, cabezas visibles de la política energética mexicana, tienen en sus manos la segunda crisis energética del sexenio de la autollamada Cuarta Transformación. 

La primera, el desabasto en varios estados del país de gasolinas por la caída de inventarios al impedirse las importaciones del combustible y cerrarse los ductos por una presunta política de combate al ‘huachicol’ y distribución en pipas, que no se tenían, que duró algunas semanas entre enero y febrero de 2019, que produjeron pérdidas económicas valuadas en 39 mil millones de pesos en el Producto Interno Bruto, de acuerdo a un análisis de Citibanamex, que finalmente si se vieron reflejadas en la caída de la economía de ese año.

La segunda, la presentada a partir de una serie de apagones por la interrupción en la generación de energía eléctrica por condiciones de desabasto de gas natural en las plantas termoeléctricas de la Comisión Federal de Electricidad, a consecuencia de no garantizarse el combustible como en otros años por temporada invernal –pago de seguros para evitar altos costos- y además las propias condiciones extremas que han provocado un vórtice polar sobre el hemisferio norte del planeta.

En esta ocasión, como en la primera, lo que sorprende es la falta de previsión entre los responsables de la energía nacional, más metidos en las grillas de imponer una neoestatización, antes que planificar ante posibles escenarios y tener las soluciones a la mano. Fue apenas el pasado viernes cuando las alertas se encendieron en la CFE y la SE, a cargo de Bartlett y Nahle respectivamente, ante lo que se venía con la carencia de gas natural. Pidieron, de emergencia, la compra de gas natural licuado por barcos, que llegaron a Manzanillo en el Pacífico y Altamira en el Golfo de México. La salida fue insuficiente.

La circunstancia ha hecho que la CFE utilice sus plantas termoeléctricas duales, que pueden pasar de gas a la quema de combustóleo. Este combustible fósil está disponible, en exceso en los inventarios de Pemex, pero es altamente contaminante. También se anunció la compra de carbón. Ambos combustibles de emergencia ayudarán a sacar las castañas del fuego al gobierno federal, deseoso de quedarse con toda la responsabilidad energética; pero, de prolongarse la situación o de plano optar a chaleco su uso por no comprar gas natural en el futuro, el daño al medio ambiente y la salud de los mexicanos será muy costoso.

En el sector privado tampoco pueden quitarse el ‘sospechosismo’ de la cabeza en torno al tema del combustóleo, que ahogaba ya las reservas de Pemex. Su quema en la CFE es un alivio, por ahora, para Octavio Romero, director general de la petrolera nacional. 

Uno de los grandes problemas planteados es que la demanda de gas natural por parte de México no es sólo para que lo use la CFE, como a veces parecen pensar Nahle, Bartlett y Romero, sino que, de ese combustible, más barato, generalmente, y más limpio, depende la producción de miles de empresas, muchas de ellas ligada al mercado estadounidense, canadiense y europeo, con los que nuestro país signó compromisos ambientalistas. Los daños ya son multimillonarios.

Por esta causa, sería bueno que los tres funcionarios aludidos, ya no digamos su jefe, se inscribieran como oyentes a un curso que ofrecerá desde el 22 de febrero, curiosamente, otra instancia del propio gobierno federal, arrumbada dentro de la 4T: el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, denominado “Acciones de Mitigación de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero”, cuyo objetivo es y cito textual: “proporcionar a las y los funcionarios públicos estatales y municipales los conocimientos básicos que les permitan llevar a cabo la formulación, implementación, medición y verificación de acciones de mitigación de gases de efecto invernadero que les permitan combatir el cambio climático”.

Bartlett, Nahle y Romero, abogado, ingeniera petroquímica e ingeniero agrónomo, podrían aprender que hay un mundo más allá de los combustibles fósiles, un mundo qué salvar, porque ya estamos viendo los efectos funestos del uso y abuso del petróleo como fuente de energía de la industria y si, si lo quieren ver así, desde el capitalismo. La izquierda más inteligente piensa que hay que tener energías limpias y solidaridad hacia el planeta. El curso podría enseñarles que pueden dejas atrás el pensamiento de jolopos y pensar en la seguridad energética de otra forma, moderna, científica, económica y rentable pues..