¿Dónde sembrar la concordia?

Acuerdo o armonía entre personas, es el significado de la palabra concordia. Ese concepto debe tener lugar de privilegio al comenzar el año que recién inició, pues faltan acuerdos entre personas para que pueda llegar la armonía y la paz se instaure nuevamente en la sociedad. Convertir lo dicho en un propósito de año nuevo, es una visión atractiva para el discurso y la promesa, pero es inaplazable convertirla en objetivo ineludible si deseamos volver a disfrutar de la vida “como antes”.
¿Todo tiempo pasado fue mejor? Probablemente no, pero existe la sensación de que peor no puede estar la situación de la especie: fuera de sí, deprimida, violenta, insatisfecha, abandonada por la expectativa menos penosa y probablemente más gratificante: la relación íntima con otro humano, que se aparta por temor a un enemigo invisible, pero lleno de vigor que nos tortura cuando llega o cuando esperamos que los síntomas perturben la paz del ser que ahora no podemos tocar ni recrearnos en él.
¿Podrá ponerse acaso castigo más severo y enajenante que aislarnos algunos días, ante la desesperación de quienes nos aman y representan el mejor consuelo que hayamos encontrado en la vida? Sin duda alguna que la humanidad ha pasado por estas y otras calamidades, pero acaso fueran previsibles o cambiaría la intensidad del sufrimiento al término de la conflagración. ¿Existirá el poder ante quien habrá de firmarse la paz?

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Las consideraciones antedichas sólo representan la mínima parte de las conjeturas que en privado, en silencio o el voz alta, hayan motivado las expresiones, que no juicios, respecto a la cárcel impuesta, sin recurso, ni instancia a la cual acudir. Algo que exige como pago, sólo el sufrimiento o la muerte.
Los ejércitos invasores aumentan con distintos nombres. No sabemos dónde los bautizan, solamente que son criaturas invisibles, ante sabios inermes, que provocan conflictos con otros sabios, que no aciertan a decir de dónde vienen, que armas traen, solamente que se adueñaron del aire para lanzase sobre nuestros pulmones, que benefician el elemento, sin el cual, no podremos vivir más de cuatro minutos en promedio.
Y, ante la incertidumbre, además de negocios formidables, ¿qué podemos hacer? Probablemente, escondernos para ver cuándo pasan para dar lugar a otros tiranos a los cuales ya los ha bautizado no sabemos cuál ministro, pero seguro llegarán.
¿Habrá momento y lugar para sembrar la concordia? Porque hay otra pandemia igualmente virulenta, que nos asusta menos que la nanométrica y nace de lo más profundo del ser humano: la necrofilia. Habrá remedio para esa enfermedad o será ella quien finalmente nos traerá la paz de la urna o del sepulcro