El Partido Acción Nacional (PAN), fundado en septiembre de 1939 por Manuel Gómez Morín y otros destacados liberales y social cristianos de la época, constituye sin duda el partido con la más larga tradición y cultura institucional y opositora de este país.

Surgido, en buena medida, como reacción a las políticas estatizantes y socializantes del régimen del general Lázaro Cárdenas, representará desde entonces, una incipiente y débil, pero leal y auténtica fuerza política opositora, al recién constituido régimen de Estado con su brazo electoral organizado en partido político.

Las primeras décadas del PAN fueron de carencias, limitaciones y enormes dificultades para enfrentar a un partido hegemónico en simbiosis con el Estado mismo.

El PAN capitaliza políticamente las primeras reformas electorales, como la de los diputados del partido de la década de los sesenta y por supuesto de la reforma política de 1977 en el siglo pasado.

Durante décadas fue obteniendo triunfos electorales aislados en municipios, diputaciones locales y federales, y aunque nuevamente sufrían derrotas, nunca cejaron en el empeño de seguir bregando por la brecha institucional.

Después de las elecciones federales de 1988 se convierte en protagonista central de la transición del autoritarismo a la democracia, a partir de las sucesivas reformas electorales que marcaran el cambio político por la vía pacífica y pactada, interviniendo de forma decisiva en la construcción de instituciones democráticas, como el Instituto Federal Electoral (IFE) ahora INE, entre otras.

Alcanzar la primera gubernatura estatal de Baja California en 1989, marcó desde luego, el derrotero de seguir avanzando en los ámbitos regionales.

Después de una larga lucha logró arrebatarle la presidencia de la República al PRI, hasta entonces partido predominante, en el año 2000, manteniéndose en el poder presidencial por un sexenio adicional, hasta ser desplazado en una recuperación efímera del PRI en el 2012.

Buena parte de las reformas derivadas del denominado Pacto por México, entre 2012 y 2014, han sido reivindicadas como propias por el PAN, muchas de las cuales estuvieron impulsando desde años atrás.

El manejo político y propagandístico, en sentido negativo, que hizo Morena y el presidente López Obrador en la etapa previa y la campaña de 2018, de esas reformas, fue parte del éxito que tuvo en esa elección, contra la alianza PRIAN, incluyendo al PRD.

Sin embargo, dentro de los partidos ahora opositores, el PAN es el queda mejor parado y posicionado para enfrentar a Morena y al gobierno federal, después de las, para ellos, traumáticas elecciones de 2018, quedando en un lejano segundo lugar con el 22.27% de los votos de la elección presidencial, donde el ganador alcanza el 53.19%.

Ese segundo lugar lo mantiene en las elecciones de este año, con el 18.24% de la votación de diputados federales, pero acortando la distancia respecto del primer lugar, el cual logra el 34%.

De los tres partidos que formaron la coalición Va por México, el PAN sin duda la encabeza, no solo por el mayor número de diputados que tendrá en la siguiente legislatura, además de conservar dos gubernaturas de las disputadas en la pasada elección, sino porque es el partido con la más larga y fructífera experiencia y actitud opositora, en el contexto del sistema de partidos mexicano.

A diferencia del PRI y del PRD, donde sus debilidades y flaquezas predominan sobre sus activos, y estarán luchando por la supervivencia, en el PAN es a la inversa, pues se ha visto mayormente fortalecido, después de los últimos lances electorales, con cohesión y unidad interna, que ya es mucho pedir, después de observar lo que sucede en otras organizaciones partidarias.

Pese a las críticas que ha recibido la dirigencia que encabeza Marko Cortés, por no convertirse en equilibrio y contrapeso al presidente de la República, ha sabido conducir al PAN adecuadamente en una azarosa etapa de la vida política del país. Méritos que probablemente le serán recompensados con su continuidad en la dirigencia nacional para un segundo periodo.

El PAN será el artífice principal de la alianza opositora para los procesos electorales de 2022 y 2023, pero sobre todo para la gran cita de los comicios generales de 2024.

Aunque seguramente buscarán un perfil ciudadano que convoque y convenza a todas las oposiciones, para enfrentar a Morena en la contienda presidencial, el PAN llevará mano para esa importantísima definición, y el excandidato presidencial, Ricardo Anaya es el único que hasta ahora ha manifestado su intención de volver a contender.

Además de llevar la voz principal de las oposiciones (el caso de Movimiento Ciudadano merece análisis y comentarios por separado), frente a un activismo permanente del oficialismo, que sigue y seguirá marcando la agenda pública y mediática del país, al margen de los grandes problemas nacionales, se requiere mayor protagonismo del PAN en la escena política.

No pueden continuar con esa ausencia en el espacio público, porque cuando lo quieran retomar podría ser demasiado tarde. Con mayor razón, después de que el presidente decidió adelantar el proceso sucesorio dentro de su partido.

La oposición, encabezada por el PAN, tiene que jugar un papel más activo en ese y todos los procesos políticos del país, si desea estar a la altura de las circunstancias que se acercan, y aunque cronológicamente faltan tres años, políticamente la sucesión presidencial ya empezó.