Opinión Reflexión ciudadana

Disciplina para impulsar el estado de derecho

Es tiempo de estudiar las razones por las que la obediencia a las normas ha venido a menos, poniendo el peligro las instituciones y con mayor razón, la evolución de las mismas.

Con el pretexto de auspiciar el respeto a lo que se ha dado en llamar derechos humanos, se ha menguado la penetración en el estudio del derecho, para el fortalecimiento de la vida en común.

Ocurrió algo semejante, cuando aduciendo la necesidad de educar para la libertad, algunos impreparados la confundieron con enseñar lo que a cada mentor le viniera en gana. Las organizaciones en torno a lo que se llama derechos humanos, deben enderezarse al cumplimiento de la norma y a la directriz, de que ésta, siga inspirándose, en el espíritu que la convirtió en Derecho.

 Cumplir y hacer cumplir la ley, puede llevar a excesos, cuando la sociedad no es capaz de acompañar la buena ley con juez excelente; pues en tales condiciones, resulta inútil para propiciar la sana convivencia. Para lograr el objetivo planteado, es necesario que las escuelas superiores, tengan como sustento, mentores competentes y celosos defensores de la obediencia a las leyes y, como se dijo, también del principio ético que obligó a su creación.

Por tanto, debe combatirse la práctica, que enseña la forma en eludir el cumplimiento de la ley, por medio de sofismas, ante cuyas estrategias, sucumben los jueces incompetentes.

Las instituciones educativas, deben mantenerse alertas para cumplir las elevadas funciones que la sociedad, por conducto de las leyes, les ordenan. La norma en ningún caso, debe permitir que con motivo de privilegios mal entendidos como derechos, eludan la obligación de entregar a la sociedad, jueces y magistrados competentes, con clara visión de la importancia que tiene su recto proceder, para el bienestar de la sociedad.

En ocasiones pareciera que la sociedad se inclina a “judicializar” la vía institucional. Esto ocurre cuando quienes están al frente de las instituciones, optan por la simulación. Este fenómeno se presenta, regularmente cuando quienes lideran las instituciones, se conducen como si fueren árbitros supremos o propietarios de las mismas.

Cuando ocurre lo dicho, por economía o incompetencia, algunos gobiernos optan por dejar hacer y dejar pasar. La sociedad entonces comienza a crear inspectores al infinito, pretendiendo con ello, eliminar el conflicto y lo único que se logra, es empobrecer la vida institucional y, generar condiciones, para que la probidad y la honradez sean consideradas como formas de torpeza o bisoñez.

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