Fotos: Onofre Lujano

Onofre Lujano

Acámbaro.- Los dinosaurios del Museo Waldemar Julsrud siguen causando controversia en cuanto a su originalidad, pues aunque esto científicamente no se ha comprobado, el 29 de abril el diario español El País publicó un artículo donde menciona algunas teorías en torno a que las figuras de arcilla son falsas.

Al respecto, el investigador acambarense Leonardo Amezcua Ornelas dice estar de acuerdo en que las figuras son falsas y todo indica que Waldemar Julsrud las mandó hacer con artesanos locales con el fin de volverse famoso. De esta manera él fingía los supuestos hallazgos y montaba todo un teatro en torno a ello.

“Se le pasó la mano al alemán y cayó en lo burdo, sin embargo, las piezas son un atractivo para turistas y forman parte de una colección de más de 32 mil figuras. Unas se exhiben y otras se encuentran en el almacén”.

Para los curiosos

Por su parte, la directora del Museo, Juana Ruiz Ramírez, declaró que el recinto busca fomentar el espíritu investigador y crítico de los visitantes.

“Nuestro fin no es investigar o sustentar teorías, es un museo que invita a los curiosos a buscar un origen de la humanidad distinto al establecido oficialmente”.

A principios de 1998, un patronato de vecinos creó el museo en el centro de Acámbaro, en la vieja casa de Julsrud, pero abrió sus puertas hasta el año 2000.

Fotos: Onofre Lujano

La historia cuenta que en julio de 1944, una misteriosa figura de arcilla cautivó al comerciante alemán Waldemar Julsrud y creyó que era “el descubrimiento del siglo”, misma que supuestamente halló semienterrada en las inmediaciones del cerro del Toro y en el cerro del Chivo.

Y aunque el hallazgo no era extraño, pues hacía tiempo que exploradores y coleccionistas encontraban restos cerámicos en la zona —vestigios del pueblo Purépecha— esta pieza era distinta: parecía un reptil prehistórico con un humano montado en su lomo.

Fascinado por el hallazgo, Julsrud le propuso a uno de sus ayudantes un trato para buscar más vestigios: un peso por cada figura de arcilla que él y su gente lograran desenterrar.

Comienza la controversia

En 1969, después de la muerte de Julsrud, un examen de termoluminiscencia animó las teorías de Hapgood y Gardner: el origen de las piezas se podía remontar al año 2500 antes de nuestra era. Ese mismo año, Gardner publicó el libro ‘El anfitrión del gran sombrero’, donde escribió que “resulta imposible” pensar que cualquier grupo de personas podría amasar y hornear 30 mil figuras en un par de años, enterrarlas y desenterrarlas por el “grosero” precio de 12 centavos de dólar cada una.

Posteriormente, en 1978, la Universidad de Pensilvania hizo otro estudio y zanjó la polémica: las figuras, al momento de su descubrimiento, no podían tener una antigüedad mayor a 1930.

Fotos: Onofre Lujano

Hasta la fecha, las circunstancias de la excavación de las figuras son motivo de sospecha; Julsrud afirmaba que pagó a los campesinos por cada figura que le entregaron, por lo que es plausible que estos fabricaran las estatuillas y las hiciesen pasar por reliquias.

En 1952 el arqueólogo Charles Di Peso, afiliado a la Amerind Foundation de Arizona, visitó la zona, estudió la colección y observó a los excavadores durante su trabajo. Según él, la superficie de las figuras evidenciaba que eran de fabricación reciente, pues no mostraban las características habituales de elementos que han permanecido enterrados durante miles de años. Si hubiesen sido auténticas, las reliquias estarían arañadas y rotas como el resto de artefactos encontrados en la zona.

¿Qué dicen las pruebas?

La estratigrafía de las piezas indicaba que habían sido enterradas con tierra de distintas etapas arqueológicas. Di Peso, además, dijo haber conocido a una familia que le confesó haber estado fabricando y vendiendo las piezas a Julsrud a un peso cada una desde 1944, inspirándose en las películas que veían en el cine local.

En 1969, las figuras fueron datadas en el Museum Applied Science Center for Archaeology (MASCA) utilizando una técnica que apenas estaba en desarrollo en esa época: la termoluminiscencia. Los resultados preliminares dieron 2500 A.C., sin embargo, en 1972 se repitió el fechado y se concluyó que las piezas eran falsificaciones recientes.

Según el laboratorio, el fechado de 1969 fue debido a un fenómeno de quimioluminiscencia, por su fabricación tan reciente, y que en 1969 no se sabía que podía ocurrir. Su datación sigue siendo objeto de controversia entre los defensores de su antigüedad.

ndr