En plena conferencia oficial, desde el recinto del Poder Ejecutivo federal y a dos días de las elecciones federales donde se juega la evaluación de la mitad de su gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador proclamó su cristianismo y su admiración por Jesucristo como un luchador social espiado, perseguido y crucificado por los poderosos por su amor por los más pobres y débiles. El discurso del mandatario tomó un tono mesiánico cuando un reportero, supuestamente de manera espontánea, le preguntó por la religión que profesa y, como si ya tuviera lista su respuesta, López Obrador soltó:

“El cristianismo, lo que yo practico, tiene que ver con Jesús Cristo porque yo soy seguidor del pensamiento y de la obra de Jesús. Creo que es el luchador social más importante que ha habido en el mundo, en la tierra. Por eso, los poderosos de su época lo seguían, lo espiaban y lo crucificaron. Porque él era amor y profesaba un profundo amor a los pobres, a los débiles y a los humildes. Si todos fuéramos cristianos en ese sentido, viviríamos en una sociedad mejor. Entonces porque hay la paradoja, como en todo, de quienes son seguidores de Jesus Cristo, pero no siguen su ejemplo”, dijo el mandatario, quien apenas hace una semana fue catalogado en la portada de la revista británica The Economist, como “El falso mesías de México”.

Hasta ahí los dichos religiosos del Presidente no pasarían de ser uno más de los desplantes y provocaciones domésticos a los que es tan afecto el Presidente, que fue el único actor político que se brincó, con sus conferencias mañaneras, la veda electoral que impone silencio en vísperas de las votaciones. Pero hay un elemento que parece referirse a otro tema que ayer incomodó y molestó al inquilino de Palacio Nacional: la respuesta indirecta que llegó desde Washington a la queja diplomática expresada por el Gobierno de México por el financiamiento que se otorga desde la Casa Blanca a organizaciones como Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, a los que la administración lopezobradorista ubica como “opositores” a su administración.

El Memorandum NSSM-1 que ayer emitió el gobierno de Joe Biden, en donde solo habla sobre la “Lucha contra la corrupción como un interés central para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos”, establece con toda claridad que el gobierno estadunidense, a través de sus distintos departamentos y agencias seguirán financiado a gobiernos, organismos y periodistas de todo el mundo que se interesen en denunciar y combatir la corrupción en todas sus formas. En contra de lo que le pidió el gobierno de López Obrador, que dejara de financiar a organismos civiles mexicanos que exponen temas de corrupción y defensa de derechos y libertades, la administración Biden no sólo rechazó tácitamente esa petición sino que declaró de mayor prioridad para los intereses estadounidenses, seguir financiado y apoyando proyectos como el de Mexicanos contra la Corrupción.

López Obrador soltó al final un comentario que parece llevar dedicatoria para otro presidente que, como él, se ha confesado en público como un ferviente seguidor del cristianismo católico, que suele hacer invocaciones abiertamente religiosas en sus discursos políticos y a quien el diario The New York Times llamó “El ápostol político del movimiento cristiano”: el presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden.

¿Será a Biden a quien se refiere López Obrador cuando dice: “Porque hay la paradoja, como en todo, de quienes son seguidores de Jesucristo, pero no siguen su ejemplo”? En todo caso lo que queda claro con el discurso mesiánico y abiertamente religioso del Presidente, pronunciado a unas horas de las elecciones, una vez más recurre al discurso de victimización y de los “poderosos” que persiguen y atacan a su gobierno.

El Presidente, después del 7 de junio, ya no tendría la posibilidad de modificar la Constitución ni hacer más reformas que fortalezcan su poder y su proyecto. Es tanto el poder que ha acumulado, que la idea de empezar a soltar una parte de ese poder, parece tener muy preocupado al Presidente.…Los dados mandan Escalera doble. Subida para la democracia.