Es deseable que a la celebración exitosa del proceso electoral, siga el desarrollo político de la entidad donde se verificó. Por desarrollo debemos entender la mayor vigencia de los valores sustento de la legitimidad del orden jurídico. Suele aceptarse que el avance político se sustenta en el mejoramiento de los niveles de bienestar de la entidad de que se trate. Por ese motivo, la sociedad debe empeñarse en escoger a quienes tengan peculiaridades capaces de hacer efectivos los principios y valores contenidos en las normas, pues si ocurre lo contrario, en lugar de avance habrá retroceso.

De lo anterior se colige que la superación debe darse en los gobernantes para que ellos traduzcan en obras materiales y espirituales, lo que la sociedad, a través del sistema normativo ha señalado como camino a su evolución. Si el espíritu crítico impera en la sociedad y en sus dirigentes, los errores serán una ocasión para la superación, pero si está ausente, se volverá a cometer el mismo error o no se habrá desterrado la idea patrimonialista en el ejercicio del poder, sea este público o privado.

El ejercicio del poder, sea personal o derivado de una posición de gobierno, debe atender al interés general, encarnado en el bienestar de la población y no circunscrito al beneficio de una minoría, pues en el primer caso, debe atenderse a la práctica de valores, de lo contrario destruye la esencia intrínseca de la finalidad de la riqueza, que deberá orientarse a hacer el bien social, en cuyo caso enriquece el patrimonio espiritual del sujeto; en el segundo, debe dirigirse a crear condiciones para el bienestar general, pues su ejercicio con visión patrimonial contribuye a crear o acentuar la desigualdad y, con ello, genera violencia social.

La aparición de la violencia acusa el uso indebido del poder, se trate del personal o del público; en esos casos, debe acudirse a la sabiduría del grupo, generalmente encarnada en los entes mayormente experimentados de la sociedad. Usar ese recurso es imperativo si se desean enfrentar exitosamente las causas de la desviación de la conducta social y combatir exitosamente sus efectos negativos.

Quienes resulten beneficiados con el voto popular en el proceso electoral en curso, deberán fortalecer su juicio crítico y no desviarlo cuando se trate de aplicarlo a la propia conducta; sino orientar sus acciones a corregir errores, no advertidos o consentidos en el presente. Sólo así podremos hablar de avance o progreso, por efectos del resultado del proceso electoral.