Óscar Jiménez

León.- Hace un año, tras cinco días de paro, se firmó el pliego petitorio de la comunidad estudiantil de la Universidad de Guanajuato (UG), en el que solicitaban la aplicación de diversas adecuaciones que les permitieran ejercer sus estudios con mayor seguridad. 

El movimiento que cimbró Guanajuato y que se extendió por México, doblegó a la autoridad universitaria y los gobiernos local y estatal, que hasta ese momento habían mostrado una postura de pasividad antes las condiciones de inseguridad que rodeaban a los estudiantes, y el desinterés por investigar las denuncias de acoso sexual y castigar a los señalados.

Sin embargo, 365 días después, aún existen compromisos que quedaron sin cumplir, ya que la pandemia obligó a interrumpir el ciclo escolar y desde entonces las clases han sido a distancia, y quebrantó parte de la organización estudiantil que se involucró en las protestas.

“Aunado a la pandemia, hubo un quiebre en la organización universitaria. Se empezaron a dividir y hubo un proceso de subversión”, admitió Ulises Guzmán, alumno que participó en el movimiento estudiantil #NiUnaAbejaMenos.

Estalla el enjambre: paran labores

El movimiento empezó a gestarse el 30 de noviembre, cuando se supo del asesinato de Ana Daniela Vega, egresada de la carrera de biología experimental de la UG.

La indignación motivó la unión de movimientos feministas que lograron, a su vez, apoyarse en ciudadanos de la capital y el resto de los estudiantes. 

El miércoles 4 de diciembre se lanzó la convocatoria que confirmó la fuerza del movimiento: a partir de las 5:30 de la mañana, los estudiantes ya estarían a las afueras del edificio central de la universidad. Y así fue.

Desde entonces, existió un acoplamiento desde todos los campus, y a la postre se unieron otras universidades, como el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Iberoamericana, entre otras. 

“Exigimos que la investigación del caso de Ana Daniela llegue hasta las últimas consecuencias”, “Pedimos que la estrategia de seguridad en la colonia Noria Alta, así como en la ciudad de Guanajuato, sea mejorada”, “Les pedimos que las guardias de policía en las casetas sean más frecuentes” y “Pedimos se supervise y mejore el alumbrado de la colonia Noria Alta”, eran los primeros puntos solicitados por el grupo.

El mensaje fue respaldado por decenas de estudiantes, quienes cargaban consigo leyendas como “¿A quién le van a dar clases si todos desaparecemos?”, “Hemos sido tolerantes hasta excesos criticables”, “No podemos ser libres si la UG oculta la verdad”. Cada día, cientos de estudiantes se sumaron al respaldo del movimiento surgido en Guanajuato.

#SinCuatroNoHayTrato

La primera reunión con las autoridades se dio el 5 de diciembre. A la cita acudieron el gobernador, el rector Luis Felipe Guerrero y el alcalde capitalino; sin embargo, el fiscal Carlos Zamarripa no se presentó, y eso motivó que los estudiantes dieran por cancelada la reunión y abandonaron el Teatro Principal de la ciudad. De ahí nació el #SinCuatroNoHayTrato.

Fue hasta el domingo 7 de diciembre cuando los representantes de los gobiernos estatal y municipal, academia y Fiscalía, se dieron cita para aceptar y firmar el pliego petitorio que ya anexaba otros puntos a considerar sobre el acoso, el actuar de funcionarios y el departamento de equidad de género.

El 9 de diciembre se levantó la huelga tras la publicación de las obligaciones de las autoridades en el Periódico Oficial del Estado de Guanajuato, en donde entre otras condiciones se mencionaba la mejora de protocolos para la atención de la violencia por razones de género, así como los mecanismos, en general, de seguridad. 

Apenas tres meses de publicarse dicho convenio, la pandemia de coronavirus tuvo sus primeros casos confirmados en Guanajuato y obligó a cambiar la modalidad de clases a manera virtual, y desde entonces, los estudiantes no han podido regresar a las aulas.

Marcó un antes y después en nuestra comunidad

Un año después, los días de protesta en la UG se pueden ver desde dos aristas: como un incumplimiento de algunos compromisos que asumió la autoridad universitaria, y como un precedente para las nuevas generaciones.

A decir por Ulises Guzmán, quien participó en las protestas, las nuevas generaciones son las que vivirán un cambio pues tras el levantamiento estudiantil se demostró que se puede exigir a las autoridades sin caer en los laberintos de la burocracia.

“Tienen un nuevo chip”, describió Ulises sobre los estudiantes universitarios en la actualidad. 

“Hay que aceptarlo, somos una sociedad conservadora y sin gen para la resistencia civil o sin la consciencia de clase. Tuvieron que ver mucho los movimientos feministas, pues con ellas, se pudieron reunir sectores sociales de Guanajuato. Ellas fueron las que realmente comenzaron a hacer todo”.

Advirtió que la herencia del movimiento estudiantil en la UG, es que marcó un precedente y mandó  un mensaje a la población de que, si hay organización, se puede hacer que las autoridades cumplan con su obligación de garantizar el cumplimiento de los derechos ciudadanos.

Compromisos en proceso de cumplimiento

 Desplegar, de forma permanente, elementos de seguridad en los municipios donde hay sedes de la universidad, e instalar casetas de vigilancia y botones de emergencia.

 Implementar un curso o taller de sensibilización a elementos de seguridad estatales y municipales, enfocado a la educación cívica, social, y perspectiva de género.

 Implementar el protocolo de atención a casos de violencia por razones de género.

 Generar, implementar y actualizar permanentemente un programa de movilidad y transporte para las y los alumnos de la universidad.

 Restablecer los procesos presentados en UGénero.

 Revisar los perfiles y currículum de las personas que están dentro del programa de igualdad de género, y remover a quienes no cuentan con experiencia y conocimiento técnico suficiente.

 Destituir, o en su caso, expulsar, previa notificación a los integrantes de la comunidad universitaria que cuenten con un proceso concluido en forma condenatoria en UGénero.

LC