Si deseamos valorar el trabajo educativo, debemos conocer con mayor o menor medida, el impacto que la sociedad contemporánea que formamos, tiene en la creación y defensa de la cultura heredada.

Algunos estudiosos sostienen que la cultura es el resultado del trabajo humano, agregado a la naturaleza. Así, numerosas plantas, debidamente tratadas, nos proporcionan salud. La medicina moderna, crea fármacos nuevos para enfrentar los problemas que generan las enfermedades; el petróleo transformado proporciona cantidad inimaginable de satisfactores.

El cultivo de las bellas artes, abren campos nuevos de estudio para la medicina, que en otras épocas no se imaginaban. Un pueblo amante de su cultura, encuentra en el trabajo, la oportunidad de mejorar sus niveles de vida. Así, el conocimiento está vinculado estrechamente a la cultura y por ende a la ciencia. Todos los pueblos del mundo hacen cultura y, cuando la descubrimos, nos asombra y nos reprochamos no haber mantenidas abiertas nuestras entendederas, para enriquecer con ellas, el propio patrimonio cultural.

La ociosidad, es la madre de todos los vicios, escuchamos la gente de mi generación decir a nuestros padres y abuelos. Una familia cuyos padres no trabajan, la sumen en la miseria. El trabajo todo lo vence. Dice el lema de una ciudad guanajuatense. Abatir el desempleo y lograr una sociedad industriosa, llevará a su gente a la prosperidad; en cambio la pereza y la indolencia, cualesquiera que sean sus causas, llevan a su pueblo al conflicto, pues la casa, el vestido y el sustento, al no satisfacerse mediante el propio esfuerzo, orilla a la comisión del delito.

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Por eso, el conocimiento de la economía doméstica, debe ser dominio de la población, desde la infancia, para que se dé cuenta del trabajo que cuesta tener una familia con salud y sólidos principios éticos. Una vez en la escuela, ésta le orientará sobre la economía política y, luego, el partido político al que pertenezca, tendrá la obligación ineludible de hacerle conocer los problemas económicos propios de su entorno, para que en el ejercicio del poder, no llegue al cargo buscando en los archivos o en las ocurrencias de sus amigos, cómo abatir los problemas, de cuya solución, debiera haber conocido en la infancia primera y luego en la escuela.

Son necesarios, ciudadanos cultos, conocedores de las instituciones que rigen la sociedad, defensores de los principios que les dieron origen, para que luego, no busque notoriedad en adicionar sin rumbo la normatividad vigente. Todos los ciudadanos deben defender la familia, comenzando por el cultivo de los retoños; la escuela que debe ser lugar respetado, a donde se acude en busca de hogar subsidiario; la empresa compuesta por personas conocedoras de sus deberes y derechos; empresarios justos, capaces de integrar con sus trabajadores, comunidades de mujeres y hombres libres; apasionados en la defensa de la cultura y del país que les dio nombre e identidad.

Defender la cultura con el mismo amor que se honra el sepulcro de quienes nos antecedieron y en cuya memoria, debe nutrirse todo ciudadano consciente de la misión que tiene asignada y aceptada.