Debutan como mamás desde que son niñas

Staff Correo

Estado.- Cada día, en promedio, una menor de entre 10 y 14 años de edad da a luz en Guanajuato, y desde ese momento debe enfrentar las responsabilidades de la maternidad.

Aunque el número de adolescentes que debutan como madres ha decrecido en el último lustro, la Secretaría de Salud de Guanajuato (SSG) contabilizó un total de 2 mil 42 partos de este tipo entre 2015 y 2019: en promedio 408 casos al año, más de un caso al día.

Estos alumbramientos corresponden únicamente a los atendidos en unidades médicas del Instituto de Salud Pública del Estado de Guanajuato, por lo que el número podría aumentar si se consideran los servicios ofrecidos en el IMSS, ISSSTE o clínicas particulares.

Quedar embarazada a una edad tan temprana y convertirse en madre, no solo afecta el desarrollo físico y biológico de las adolescentes guanajuatenses, sino trunca su trayectoria escolar y posibles proyectos en el ámbito laboral y familiar.

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De acuerdo con el informe ‘Embarazo y Maternidad en adolescentes menores de 15 años’ que elaboró la Unisef, los embarazos infantiles no ocurren por el deseo de una niña en convertirse en madre, sino que son el resultado o están asociados a un entretejido de factores sociales, económicos y culturales.

“La pobreza, el abandono de la escuela, la violencia, el abuso sexual, la falta de educación sexual integral, la carencia de servicios de salud accesibles, las relaciones desiguales de poder entre los géneros y la imposibilidad de acceder a la interrupción legal del embarazo, exponen a estas niñas/adolescentes a un embarazo infantil forzado y a una maternidad temprana no buscada”, advierte el documento.

El estudio advierte que el embarazo de una niña o adolescente menor de 15 años es una de las problemáticas que exige atención integral, ya que se trata de un momento en el que no está biológicamente madura ni psicológicamente preparada para un embarazo.

Tuvo que dejar todo para cuidar a sus hijos

Nancy Venegas

Irapuato.- Geraldine Gómez Vázquez, fue mamá primeriza a los 19 años de edad, junto a su pareja acordaron que dejaría de trabajar para atender a su familia. 

Esa decisión cambió su vida, y aunque no se arrepiente de haber dado a luz en tres ocasiones, ahora, a sus 24 años, añora pasear con sus amigas o acudir a una estética, pero no lo puede hacer entre los quehaceres domésticos, los cuidados a su hijo y pareja. 

Ni siquiera recuerda cuando fue la última vez que disfrutó una tarde libre.  

Junto a su pareja y el apoyo de su familia, aprendió a cuidar y cubrir los gastos para los biberones, pañales, leche, ropita y consultas médicas de su pequeño Alejandro.  

“Antes de ser mamá trabajaba en un OXXO, pero platicamos con mi pareja y acordamos que dejaría de trabajar para cuidarme en el embarazo, cuidar al bebé y a mi familia. A los dos meses de embarazo renuncié (…) y mi vida cambió, aunque ya sabía hacer algunas en la casa, tuve que aprender otras más”, explicó.

Aunque Geraldine ya no tenía presión por los horarios de entrada, ahora su preocupación era cuidar de su bebé Alejandro, tener lista la comida, mantener limpia la casa de sus suegros, donde vivió algún tiempo, lavar y planchar la ropa.  

“Nunca tuve el apoyo de ninguna de las oficinas de gobierno, pero siempre tuve a mi familia. Sin ellos no hubiera podido salir adelante” externó.  

Dos años después Geraldine nuevamente experimentó la maternidad, y dos años más tarde tuvo una niña. La familia de Geraldine pasó de 3 a 5 integrantes, lo que conlleva largas jornadas de trabajo doméstico y cuidados a los menores.

“No me quejo, pero sí extraño ganar mi dinero, hacer las cosas que podía hacer antes, como hacerme en el cabello los cambios que quiera. Me gustaría una tarde libre para hacer las cosas que hacía antes como salir de compras, ir a una estética”, dijo.

Y reconoce: “No es fácil ser mamá. Mis tres hijos son super traviesos pero los amo con todo mi corazón. La maternidad me hizo más fuerte y ahora ya no concibo la vida sin mis hijos”.

LC