De Paso

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Encubridores

 

“Tarea principal: fomentar y disimular los resplandores
de lo que ya viene siendo el centro de la vida nacional:
el gusto/disgusto, el amor/odio por la corrupción…”

“Amor perdido”. Carlos Monsiváis

José Argueta Acevedo

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Nada se ha informado de a qué delincuentes iban a buscar, con la orden de qué juez ni por qué el nutrido contingente policíaco no arrestó y ni siquiera hirió a alguno de los presuntos, a pesar de los miles de tiros que dispararon.

El solo arresto del velador, Antonio, y su esposa, Juana Luna, es evidencia de un operativo fallido que no se quiere asumir por causas que se pueden suponer graves. Muy graves. Lo peor de todo es que nadie del gobierno resulte responsable de nada.
Como parte del aciago inicio de año, han surgido dos casos de violencia escolar muy serios. Uno, el intento de envenenamiento de una niña en la escuela Secundaria Técnica 17, de San Nicolás de los Agustinos, en Salvatierra. El otro, el del robo del teléfono celular a una alumna de la escuela primaria de Atotonilco como capítulo cumbre de una historia de “bullying”.

La Secretaría de Educación de Guanajuato ha encubierto a profesores, directivos y agresores, e incluso ha menospreciado la versión de las víctimas.

El cura Raúl Villegas Chávez fue vinculado a proceso penal por violación calificada, abusos sexuales y corrupción de menores. Hay dos denuncias penales y otros varios casos.

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La Diócesis de Irapuato y el Colegio Atenas, en donde cometió sus abusos, alegando “inocencia”, lo encubrieron, como también la Arquidiócesis de León, que mintió al decir que lo había inhabilitado para el sacerdocio.

Todo lo anterior ilustra una agravación del encubrimiento de las instituciones de sus transgresores, y con ello la garantía de impunidad. ¿Con ese mensaje puede sorprender el incremento criminal y la creciente inclinación social a no respetar la ley?