De Paso

PAN, la derechona en crisis

‘Me refería en una ocasión el conde de Altamira

que Dantón, la víspera de su muerte, decía:

‘El verbo guillotinar es defectivo; carece de

algunos tiempos o personas: se puede decir:

yo seré guillotinado, tú serás guillotinado…

pero no yo he sido guillotinado’,

 a no ser que haya otra vida…’.

‘Rojo y negro’. Stendhal.

Lo que más le cuesta a muchos panistas, tan conservadores ellos, es comprender que, después de la muerte súbita que sufrieron en las elecciones presidenciales, no tendrían que refundar… sino reinventar al PAN.

Así de radicalmente distinta es su circunstancia. Como si hubieran entrado de un talante al túnel del tiempo que les significó la elección del 1° de julio y salido de otro.

La teoría dice lo que muchos repiten (también en el PRI y en el PRD) con insuficiente reflexión: ‘Hay que regresar a los orígenes…’. Pero no consideran lo que decía Goethe: ‘Toda teoría es gris, caro amigo, y verde el árbol de oro de la vida’.

Para la fundación del PAN, que en enero será octogenario, su creador, Manuel Gómez Morín, planteó:

‘Al postular la primacía de la nación, el partido pretende que se afirmen los valores esenciales de tradición, de economía y de cultura…’.

El PAN sería: ‘…una acción permanente que, basada en una actitud espiritual dinámica, hiciera valer en la vida pública la convivencia del hombre integral; una postulación de la Moral y del Derecho, como fuente y cauce de la acción política, y ésta, no mero cambio de personas, sino reforma de estructuras políticas y sociales, para gestionar el bien común’ (sic).

La definición originaria del panismo estaba referida en contraste con la posrevolución y con el tipo de país que modulaba el PRI con su acción política, corrupta, cínica, ilegal, arrasadora y omnipotente.

Por mucho tiempo, la reprobación moral y política del PAN le dio reciedumbre y lo convirtió en el referente más sólido de resistencia, antes que de oposición. Su condición, que no representaba un desafío político para el PRI, provocaba en este una molestia moral y por eso lo reprimía.

Pero, al avanzar en la conquista de espacios de poder, el PAN fue cambiando. Quiso usar éste para imponer su conservadurismo y provocó el divorcio con algunos sectores por incurrir en una flagrante contradicción con la otra parte de su ideología, la más brillante, el liberalismo.

Fatal e irónicamente, su perdición empezó al ganar la Presidencia de la República con Vicente Fox quien, detrás de su máscara de panista era un pragmático que en varios aspectos ha sido como los priistas, y en otros, peor. Todavía, por ejemplo, no explica de dónde sacó los cientos de millones del ‘Centro Fox’.

Más grave es que, con él, muchos panistas, al saborear las mieles del poder, vendieron su alma al diablo, al grado de traicionarse a sí mismos. A esta fase la distingue Felipe Calderón con su frase: ‘Haiga sido como haiga sido’.

Faltaba, por supuesto, Ricardo Anaya, su falso profeta, quien vendió a los panistas la nueva de la salvación en su persona y en la alianza electoral con una izquierda falsa y prostituida, PRD y MC.

Además de su brutal derrota, todos quedaron débiles y contrahechos. Adicionalmente, el discurso tradicional PAN contra el PRI murió… al morir este.

Los panistas tienen en curso una negociación para repartirse lo que les ha quedado de partido: la presidencia del PAN para los ‘anayistas’, con Marko Cortés, y la secretaría general para el otro bando, con Héctor Larios.

Es un arreglo eficiente para impedir fracturas mayores, pero no será bastante.

Les queda la tarea de diseñar un partido para los nuevos tiempos. Que sepa hacer política, se olvide de sus credos de sacristía, deje la simulación y promueva y defienda principios liberales según las nuevas circunstancias.

Morena no es el ‘nuevo PRI’ como para reciclar su viejo discurso. Le queda ser una nueva derecha frente a una izquierda que consiguió el mayor apoyo electoral en la historia, 30 millones de votos.

En un acto de contrición, deberán hacer un ‘mea culpa’ y proponer algo que mejore al ‘morenismo’ para iniciar el muy largo camino de su recuperación.