Ejercer la autocrítica con apoyo científico, a unos nos remitirá a los años felices de estudiantes, cuando discutíamos una y otra vez, el modelo económico que convenía al país; la crítica hacia los gobernantes se encaminaba por el análisis dialéctico de la historia patria. Estábamos seguros que el gobierno optaba, entre lo mejor, por lo posible. Indudablemente que el país, se transformaba y con él, nuestro concepto de democracia. Daba gran satisfacción que un país en desarrollo acogiera, en justicia a muchas de las mentes más claras de la época.

Pensábamos que nuestro objetivo de bienestar social, se ubicaba en los avances de los países nórdicos; la idea del defensor de los derechos fundamentales resultaba sugerente. Nadie imaginó, que los poderosos lo impondrían como forma de intervenir en los asuntos de otros países, cuando su interés así lo exigiera.

México avanzaba en lo económico con una moneda sólida; una política incluyente; fomentaba el sindicalismo y la educación como proyecto nacional, se ensanchó como nunca.

Empero, el avance de las ideas que fomentaban la democracia como forma de vida, que pretendía que tuviera como fin el mejoramiento económico social y cultural del pueblo, produjo un país con estabilidad y crecimiento compartido.

Los países comparten necesariamente el escenario económico político y social con otros. Entre ellos surgen diferencias cuando en unos se trata de eliminar privilegios desmedidos, que ahoguen la economía y cancelen el desarrollo. En tanto que otros desean que la condiciones que les favorecen no cambien.

Así llegó la década de los ochenta del siglo 20, y los poderosos trataron, por todos los medios, de recuperar espacios de poder en todo el mundo. La estrategia se caracterizó por imponer dictaduras en cada país que aspirara a ser un estado promotor del bienestar social, es decir, aquellos cuyo sistema democrático se apoyara en la justicia social.

El análisis del contenido ético de nuestra Constitución es notable, por las condiciones adversas en las que ha podido hace efectivos propósitos en ella contenidos. No renegar del pasado y tomarlo como punto de partida para retomar nuestro ideal de democracia, es ya el principio para ser mejores. El tiempo que corre, debe obligarnos a la introspección y luego, al examen de conciencia, para valorar nuestra conducta ante los desafíos que enfrenta el país, en lo económico, lo político y lo social.

Lo que existe en el país es resultado de su historia. Podremos reencausar el rumbo sólo si la reconocemos como maestra, que debe guiar nuestros pasos hacia adelante.