Agencias

Ciudad de México.- “¡No te vayas, hijo!”, imploraba ayer Marisol Tapia aferrada al ataúd de Brandon Giovanny, de 12 años, quien murió en el accidente de la Línea 12 del metro junto con 24 personas.

Marisol cuenta que cinco minutos antes del siniestro habló por celular con Brandon, el único menor fallecido al colapsar el paso elevado del tren la noche del lunes.

“Me decía que ya venía”, narró la mujer mientras velaba al niño en una humilde vivienda a unos cuatro kilómetros del lugar de la tragedia. No cesaba de abrazar el féretro blanco. Brandon fue la última víctima mortal en ser identificada por las autoridades capitalinas, casi 24 horas después de los hechos.

Durante ese lapso, su madre y su abuela realizaron una búsqueda incansable por hospitales y oficinas forenses de la zona. “¿Dónde está mi hijo?”, “¿Dónde está mi nieto?”, gritaban desesperadas las mujeres, una imagen que se hizo viral el martes en medio del desastre.

El día del accidente, Brandon acompañaba a su padrastro –quien se recupera en un hospital de las heridas graves que sufrió en el siniestro- al centro a comprar insumos para el negocio familiar.

Al igual que él, otros fallecidos en el accidente comenzaron a ser sepultados ayer en el Panteón San Lorenzo Tezonco, muy cerca del lugar de la tragedia.

Parientes y amigos de las víctimas exigieron “justicia” y claridad en las investigaciones que llevan a cabo la Fiscalía y una firma de peritos independientes.

“No tengo palabras para describir el dolor. Mi padre era hojalatero, tenía 30 años en ese oficio. No estoy enojado, ni es la justicia del dinero, eso no me va a regresar a mi padre”, señaló Luis Adrián, de 31 años, hijo de José Luis Hernández, de 61 años, fallecido en el siniestro y tambien sepultado ayer.

En otra humilde vivienda, familiares y amigos de Nancy Lezama, de 22 años, velaron su cuerpo en un féretro de madera café sobre el que colocaron su foto. Una corona de flores, ramos y veladoras fueron colocados alrededor de su ataúd, su hermana Tania resultó herida y no podrá volver a caminar.

En Iztapalapa, Liliana López, gerente de boutique de 37 años que murió de manera instantánea, fue sepultada con sus cadenas, pulseras y reloj que solía usar, entre los llantos de su hijo de 16 años, su esposo y familiares.

EZM