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Cultura

Cumple El Principito 77 años de su publicación

Es considerado uno de los mejores libros de todos los tiempos y un clásico contemporáneo de la literatura universal

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Ciudad de México.- Un día como hoy pero de 1943, hace 77 años, Le petit prince (El principito), de Antoine de Saint-Exupéry fue publicado en la ciudad de Nueva York. La primera edición vio la luz simultáneamente en francés e inglés, traducida por Katherine Woods, y desde entonces se han vendido 150 millones de ejemplares en más de 300 lenguas y dialectos. Estas cifras lo convierten en el libro más traducido de la historia después de la Biblia.

Trece años después de su aparición, en 1956 Josep Maria Francès hizo una versión castellana, publicada en México por Editorial Diana.

El principito es considerado uno de los mejores libros de todos los tiempos y un clásico contemporáneo de la literatura universal. Es un cuento infantil que a pesar de su apariencia sencilla, con sus ilustraciones hechas en acuarela, posee observaciones profundas sobre la vida y la naturaleza humana.

Sus célebres frases como “Lo esencial es invisible a los ojos” o “Uno es siempre responsable de lo que doméstica” le dan un vuelco filosófico convirtiéndolo en un relato en el que también destaca la invitación a conservar el espíritu de la infancia.

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En la muestra podrán participar artistas nacidos en Irapuato que radiquen o no en la ciudad, además de aquellos artistas foráneos que cuenten con varios años de residencia en el municipio

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Irapuato.- Autoridades del Instituto Municipal de Cultura, Arte y Recreación (IMCAR) buscan artistas locales en el marco de la Sexta Muestra de la Plástica Irapuatense.

Atala Solorio Abreu, titular del Instituto destacó que con este proyecto se busca consolidar el talento local, mediante la difusión de los trabajos artísticos, con manejo de todas las técnicas y el amplio abanico de temáticas.

“Estamos sorprendidos de cómo ha estado creciendo, empezamos con 20 obras y ahorita hablamos que la quinta edición recibimos alrededor de 96 obras, estamos muy satisfechos y contentos porque la del año pasado recibimos obras de irapuatenses que están en el extranjero”, agregó.

En la muestra podrán participar artistas nacidos en Irapuato que radiquen o no en la ciudad, además de aquellos artistas foráneos que cuenten con varios años de residencia en el municipio. Las obras no deberán exceder de 1.20 metros y cada artista podrá participar con tres trabajos, cada uno, deberá contener los datos de la obra, nombre del artista y trayectoria.

La recepción de trabajos será del 29 de junio al 17 de julio en horario de oficina en el Museo de la Ciudad, para su evaluación por la Comisión de Dictaminación, encargada de seleccionar las obras que serán expuestas al público.

La muestra en físico, será de acuerdo a los lineamientos de las autoridades sanitarias, una vez que concluya la contingencia sanitaria o, en caso contrario, se realizará de manera virtual.

En esta edición, se expondrán obras del maestro Dolores Aguilera, como artista invitado a la 6ta. Muestra de la Plástica Irapuatense.

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Cultura

La obra pictórica del artista irapuatense se exhibe en el Museo Luis Mota Maciel, gracias a una galería virtual; su trabajo ha sido expuesto en Guanajuato, México y varias partes del mundo

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Ciudad de México.- A través del Museo Local Luis Mota Maciel recuerdan con una galería virtual la obra del maestro  Antonio González Juárez, quien realizo varios cuadros de Acámbaro en su colección.  Su obra ‘Acámbaro a través de los ojos de Antonio González Juárez’ plasma su amor por esta ciudad del sureste del estado y que se encuentra expuesta virtualmente.

La obra del artista irapuatense Antonio González Juárez, quien nació el 7 de enero de 1927, en la ciudad fresera y en 1943 emigró a la ciudad de México, donde comenzó su carrera de manera formal como pintor, en las técnicas de óleo y dibujo, y su auge profesional se ubica en 1990, donde figura como pintor luego de participar en el Festival Internacional Cervantino, evento que lo catapultó como uno de los mejores pintores guanajuatenses.

El expositor, Antonio González Juárez, constituyó un referente en la cultura de la ciudad y del estado, y es recordado por sus obras incluso después de que falleciera a causa de un infarto al corazón.

Presencia internacional

El  Museo Local ha sido uno de los escenarios de  la obra del extinto pintor Antonio González Juárez, uno de los más significativos en Guanajuato por sus grandes obras expuestas en los mejores espacios culturales de la República Mexicana.

González Juárez, utilizó las técnicas al óleo, acuarela, tinta china, acrílico y espátula con un estilo libre y realista sus óleos han llegado a formar parte de colecciones particulares en sitios como: Guanajuato, Francia, Estados Unidos y Centroamérica, también se localizan en el Acervo Cultural Iconográfico de la Ciudad de Guanajuato, el Museo de Irapuato y la sala del Ayuntamiento de esta localidad.

Además González Juárez fue retratista del expresidente Vicente Fox Quesada y de varios exgobernadores de Guanajuato, además de la ex Miss Universo Lupita Jones. Sus trabajos han sido presentados en museos de Guadalajara, Estados Unidos, Casa de Diego Rivera en Guanajuato Capital; en Los Ángeles, el Town CENT fue el recinto en donde lucieron sus obras.

 

 

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Cultura

El sabio alemán llegó al Bajío hace más de 200 años y comparó su belleza natural y arquitectónica con las distintas ciudades de Francia

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Óscar Jiménez

León.- Llegar a Guanajuato, asombrado por sus paisajes, era aproximado a recorrer el departamento francés Puy-de-Dome, de la región de Avernia, Ródano y Los Alpes. Así lo describió el sabio alemán, Alexander Von Humboldt hace más de 200 años.

La zona montañosa de Francia, se parece incluso, al Cerro del Cubilete de Guanajuato, similitud que desde entonces encontró el polímata durante su estancia en México desde marzo de 1803 cuando llegó por el sur, a través del Puerto de Acapulco, para recorrer el país por casi un año entre sorpresas, descubrimientos y ‘batallas’ por nuevos ideales.

“Al norte de este país montañoso comienzan las vastas llanuras de San Juan del Río, de Querétaro y de Zelaya, llanuras fértiles llenas de ciudades y de pueblos considerables. Llámense bagíos, y sin embargo su altura media iguala a la del Pui-de-Dome en Auvernia; tienen cerca de 30 lenguas de largo y se extienden hasta el pie de las montañas metalíferas de Guanajuato”, narró Humboldt desde su propia pluma en lo que a la postre sería el bien acogido Ensayo político sobre la Nueva España, que actualmente se encuentra disponible en la biblioteca digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Al Bajío, Humboldt llegó tras expediciones por el centro de México que incluyeron lugares como las minas de Pachuca, Real del Monte, Morán, entre algunos otros sitios que iba redescubriendo a sus 33 años. En Guanajuato, el polímata alemán se hospedó durante varios días en la Casa Conde Rul.

“A Guanajuato llegó el 8 de agosto de 1803 por el camino antiguo de Marfil, y le pareció sorprendente lo que vio; una población que en su momento sumaba poco más de 70 mil habitantes”, destacó Eduardo Vidaurri, cronista de la ciudad de Guanajuato en una entrevista para Canal 22.

‘Podrían figurar en las calles de parís’

No solamente las colinas y las ciudades que quedaron enclavadas debajo en lo que ahora ya aceptamos tal cual como el Bajío fueron del impacto -y estudio- de Alexander Von Humboldt, sino que los edificios, particularmente del cuadro principal de Guanajuato, le provocaron un afán de comparación con sitios emblemáticos de Europa.

En el capítulo siete de su libro señaló que los edificios que yacían en Guanajuato fácilmente se podrían encontrar en paseo por el casco parisino.

“Son muchos los buenos edificios que ya en el día hay en Méjico, y aún en las ciudades de provincia como Guanajuato y Querétaro. Son monumentos que a veces cuestan 300,000 pesos y que podrían figurar muy bien en las mejores calles de París, Berlín y Petersburgo”, escribió.

Resquicios quedan de aquella visita del polímata al centro del país y que se pueden constatar con placas, como la ubicada en uno de los muros de la Casa del Conde Rul, instalada por el Ayuntamiento en 1938.

Y en la capital existe el pasaje Barón Alejandro de Humboldt en el centro histórico, y que es incluso uno de los más emblemáticos de la colorida ciudad.

Previo al grito, conspira a favor de mineros 

Uno de los grandes intereses que mantenía a Von Humboldt la Nueva España, era la gran capacidad de sus minas. Guanajuato, no era la excepción, e incluso provocó que el geógrafo reprochase las condiciones en las que laboraban sus trabajadores.

Su visita, curiosamente coincidió con lo que se comenzaba a gestar como un ‘aire de cambios’; años después de que Von Humboldt regresara a Europa, se daría el levantamiento de independencia encabezado por Miguel Hidalgo y Costilla, pero antes ya existían resquicios de querer cambiar. En las minas de Guanajuato, a través de las condiciones, se manifestaba la urgencia de mejorar.

Según narra el propio Von Humboldt en su manuscrito de 233 páginas, las condiciones de trabajo en la Valenciana eran muy duras; “El minero mejicano resiste allí a una diferencia de temperatura de más de 30° pero este enorme calor de la mina de Valenciana, no proviene del gran número de hombres y de luces reunidos en un espacio pequeño, sino principalmente de las causas locales y geológicas”, se señala en la página 150 de su libro.

“En las minas mejicanas, los muchachos de 17 años llevan ya masas de piedra del peso de 100 libras. Este oficio de los tenateros se tiene por poco sano, si entran más de tres veces por semana a la mina (…) El trabajo que más rápidamente destruye las constituciones más fuertes, es el de los barrenadores que hacen saltar la roca por medio de la pólvora; rara vez pasan de treinta y cinco años, si el deseo de ganar los empeña en su penoso trabajo toda la semana seguida”.

Por este tipo de señalamientos, Von Humboldt entonces -además de su condición de erudito de los terrenos- aportó también una visión que incluso ahora podría suponer una rama de los derechos de los trabajadores.

“Él sanciona mucho que los mineros tengan que subir más de mil escalones como lo conocemos ahora, sino que eran unos escalones terribles, con una carga de más de 100 kilos de peso en la espalda”, dijo Vidaurri.

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