Cuidar los retoños, deber social

Las sociedades como todo ser vivo, envejecen o se enferman; pero tienen retoños que deben cuidar para que paguen la oportunidad que tuvieron y el disfrute que la vida les deparó, pues hubiere sido imposible haber podido disfrutar de la especie, sin la sociedad. El grupo social que integramos está en deuda. Somos producto de los sacrificios de dos o tres generaciones, a las que nos debemos. Nuestra crisis probablemente se deba más a nuestro descuido que a la herencia recibida que tenemos que agradecer.

La gratitud social, debe traducirse en hechos. Amar a México, sin entregarse a cuidar las generaciones venideras, pudiera ser un grito estéril, si no se acompaña de la firme decisión de un examen de conciencia, que no se traduzca en simple muro de lamentos, sino que se apreste a devolver en bienes la herencia recibida.

La especie debe entender que la capacidad de amar, debe ejercerse; que aprender a amar, es trabajo colectivo, en donde la protección y el amparo, no deben reclamarse, sino prodigarse, y en ese desempeño, encontrar la satisfacción. No se trata de hacer el bien y apresurarse a cobrarlo; y, ante la falta de respuesta, generar el mal a través del odio y la venganza.

Es conveniente darnos cuenta de la cantidad d huérfanos que producen tanto la pandemia de la “enfermedad” física,  como los que derivan de la falta de solidaridad social, originada por la galopante enajenación, que se traduce en seres “involucionados”, víctimas de su frustrado ejercicio de la libertad.

El rechazo a las normas, no es privativo de las nuevas generaciones; sino descuido de la calidad racional, que impera. Promover la desigualdad como tesis toral en materia de educación, genera productos humanos motivados sólo por el éxito y los convierte en seres indolentes ante el dolor y ajenos a la solidaridad social.

Leíamos en nuestro prestigiado Corrreo, que se prefiere tener como hijos a perros o gatos, que proteger a un desamparado en la orfandad. Este comportamiento debe abrir en la conciencia ciudadana, interrogantes, no solamente mostrar extrañeza intempestiva. Si quien puede hacerlo, prefiere a un ser vivo de distinta especie a la suya, para protegerlo, habrá que buscar la causa y obrar políticamente en consecuencia.

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La sociedad tiene obligación moral de proteger a todos seres de su especie. Es un reclamo que se genera en la ciencia, la literatura y las religiones. Encontrar el camino para lograrlo y evitar que se pierdan como seres potencialmente libres, felices o virtuosos, es un llamado a la conciencia, cuya atención es ineludible, para lograr la paz social que todos anhelamos.

Hacernos mejores a nosotros mismos, para realizar en la propia naturaleza el ideal, es mejor que censurar sin tino y ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

A todos nos conviene que los retoños de la sociedad encuentren, en la vida consciente, el destino que la naturaleza inscribió en cada uno-