Las Ventanas Opinión

Cuba no despierta

 “Con esa ferocidad cubana por preservar unas esencias propias, se acerca más a la militancia de una religión sin Dios”. Leonardo Padura

El año pandémico ha sido duro para todos los países del mundo y en especial para Cuba. La isla lleva muchos años sin ser autosuficiente, depende de las importaciones y ya son décadas en las que la economía no encuentra un respiro. Las medidas de Obama, tan criticadas en Miami, les bajaron un poco el nivel de ansiedad, se propició algo de actividad, especialmente en el sector turístico. No obstante, la situación se empeoró por las sanciones de la administración Trump y la pérdida del petróleo venezolano cuando el coronavirus diezmó el turismo.

La situación en Cuba está mal desde hace años. No es gratuito que el paraíso caribeño expulse a sus nacionales porque no ven cómo las promesas de la revolución les vayan a mejorar la vida ni encuentran la manera de que las decisiones del Estado les beneficien en forma alguna. Todas las naciones tenemos nuestras heridas, todos los pueblos hemos creído las promesas de cambio. En la mayoría de los casos, los escenarios se mueven: unos empeoran, otros cambian de dirección. En Cuba, siguen por el mismo rumbo y los cubanos que se quedan tienen una paciencia transgeneracional y los que se van, cargan con un gran peso por lo que dejaron tras ellos.

Ceteris paribus, dicen los economistas. Los científicos como Albert Einstein sostenían que no se pueden conseguir resultados distintos haciendo lo mismo. No extraña que las cosas vayan mal. La economía se desplomó 11 por ciento en 2020 y las dificultades y la escasez están llevando a muchos cubanos vivir como en “período especial” de privación extrema después de que los subsidios soviéticos desaparecieron en la década de 1990. Eso sí, desde aquellos años, los cubanos aprendieron a improvisar con menos: hacer un “filete” con corteza de pomelo frito, a sacarle maravillas a la yuca y a hacer rendir un pollo frito por varios días. Es decir, han pasado más de treinta años y poco se ha modificado en la suerte de los cubanos.

Ahora, la crisis que se instala por la emergencia del Covid19 es un factor que desgarra la vida en la isla. Algunos movimientos de oposición han tratado de distribuir alimentos y medicinas a los necesitados, pero eso, lejos de verse como una ayuda se ve como un ataque. José Daniel Ferrer que de acuerdo con el Washington Post, es un líder político que no comulga con el pensamiento estatal sufrió un arduo período en las cárceles cubanas en 2019, también fue uno de los encarcelados por disidencia en las detenciones de la “Primavera Negra” de 2003 de los seguidores de Oswaldo Payá, defensor del Proyecto Varela, una iniciativa ciudadana que pedía un referéndum sobre la democracia en Cuba. Payá murió en un accidente automovilístico sospechoso en 2012 y el Sr. Ferrer se ha unido a la hija del Sr. Payá, Rosa María Payá, en el movimiento Cuba Decide en busca de un cambio democrático.

Ferrer había convertido su casa en un banco de alimentos y una clínica médica para unos 200 residentes, que fueron acosados e interrogados por la seguridad del Estado mientras utilizaban las instalaciones. El 20 de marzo, el Ferrer y unos 60 activistas se declararon en huelga de hambre, que todavía está en curso por 39 personas en la isla y cinco en el extranjero. Protestan por la injerencia y, en general, la dictadura de seis décadas fundada por Fidel Castro y todavía influenciada por su hermano Raúl. Las fuerzas de seguridad han cortado las comunicaciones a la casa de Ferrer y la han rodeado. No pichan, no cachan, no dejan batear: sólo obstruyen.

Cuba lleva desde 1953 en el camino a la prosperidad y no logra avanzar. No se entiende. Aquí le echamos la culpa a la corrupción, a la voracidad, a la podredumbre de la clase política y se exaltan los ideales revolucionarios de la isla. Cuba no despierta, no se hace autosuficiente, sigue dependiendo de la ayuda extranjera, no es falta de inteligencia, sus profesionales son personas altamente capacitadas. ¿Entonces, qué es?

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