El impacto de los cambios que el Covid-19 le traerá a la humanidad aún no se visualiza en su plena dimensión, pues sus efectos en la vida social, económica, política y cultural apenas se nos han mostrado. Considerando que la dinámica social fue lo primero en sacudir, la pandemia nos recluyó en un confinamiento tormentoso que se ha extendido por casi 16 meses, cerrando fábricas, oficinas, comercios y plazas, deteniendo al mundo.

Hoy, la sacudida colateral del Coronavirus trastoca los cimientos de uno de los sistemas políticos más herméticos de la vida social del planeta. Hoy Cuba, en su falaz fantasía de paraíso terrenal de los trabajadores y antítesis del bienestar y el progreso de una economía de mercado, se tambalea por la reacción de una sociedad harta de la opresión, la miseria y la hambruna de libertad.

Pareciera que la pandemia, aún no muestra los grandes cambios que le heredará a la vida de una humanidad, que se niega a aprender de su historia y evolucionar como sociedad trascendente. Así, el Covid-19 también se resiste a ser dominado antes de mostrarnos la nueva realidad que regirá la vida en sociedad, educación, política y economía, pues de manera por demás increíble ha mutado infinidad de veces.

La persistencia del Coronavirus pareciera ser una larga lección no aprendida y desestimada como proceso de transformación humana. Ahora se ha confirmado que nuestro país es azotado por una nueva ola pandémica y que la variante Delta nos someterá nuevamente en una crisis sanitaria más intensa, de hecho, ya se comienzan a llenar los hospitales y repuntar los índices de contagio.

Pero qué nos quiere enseñar esta pandemia, de qué quiere que nos demos cuenta para también nosotros mutar como sociedad a escenarios de un ciclo superior, a qué nivel evolutivo quiere que accedamos. Esta época social está configurando un mundo distinto al anterior, el puente edificado a partir de diciembre de 2019, apenas nos lleva a la mitad del segmento que debemos evitar y nos está conectado a otros suelos donde la convivencia social, los modelos de mercado, los paradigmas educativos, los sistemas políticos de gobierno deben ser de nuevo cuño.

Así las cosas, hoy sabemos que la forma de abordar los modelos de salud ya no son los mismos, que el comercio y la industria se están transformando, que el sistema educativo ha sido socavado en sus modelos tradicionales de enseñanza y aprendizaje, que la ciencia y la tecnología se apoderan de los cambios del devenir humano, que las formas de gobierno transitan a nuevos escenarios de participación social y que el mundo debe visualizar en sus debilidades su mejor fortaleza para adaptarse al ciclo apocalíptico del fin de la era del género humano.

Hoy los aires libertarios del pueblo cubano nos demuestran que los coletazos pandémicos, trastocarán hasta la peor de las prisiones ideológicas del hombre dominado. Hoy las secuelas de la pandemia parecen anidar, cual caldo de cultivo, en las acciones de gobiernos desfasados que navegan a contracorriente de las necesidades de la sociedad que tienen la obligación de preservar, así nuestro país camina a grandes pasos al encuentro de serias crisis políticas que pueden desbordarse y colapsar de un momento a otro.

Por ello nuestro estado está obligado a estructurar un centro inteligente que modifique y ajuste de fondo la dinámica sociopolítica que nos lleve al siguiente nivel de progreso y bien generalizado. No basta con invocar nuevos estadios y formas de activar la sociedad, los debemos construir con mentalidad estratégica, no basta con decidir reabrir escuelas sin darle un sentido de renovación del modelo educativo, sin aprender la lección de lo anquilosado del sistema que la pandemia nos mostró. La educación es la variable más significativa para formar la persona y ciudadano del futuro, la educación debe ser inteligente y visionaria.

Las crisis paradigmáticas obligan a imaginar nuevos modelos, nuevas formas de aprender.