El ejercicio de la ciudadanía debe someterse a una evolución constante, por el incremento de la cultura jurídica de la población, no solamente de los organismos vinculados con la ciencia jurídica. No se pretendería que todo ciudadano, fuera experto en derecho, sino que tuviera idea clara de lo que la norma jurídica pretende.

Es necesario que la población enriquezca su concepto del Estado, pues mediante un análisis somero, nos daremos cuenta que la conceptualización, en la mayoría de ciudadanos, resulta muy pobre y la idea, no resiste el análisis más somero.

Con frecuencia se toma la decisión de hacer cambios en la normatividad, sin que un porcentaje considerable de la población sepa lo que con ello se pretende. En muchas ocasiones ni quien legisla tiene la certeza de que la modificación normativa, le llevará al objetivo que pregona en su discurso.

La militancia consciente de la ciudadanía, fortalece al Estado, sí y solo sí, es capaz de vincularse a los problemas sociales y tiene interés real en la solución.

No son pocas las ocasiones en las que se modifica la norma jurídica, ante presiones sociales sin que se tenga la seguridad lógica, de que la medida es pertinente. Esto ocurre, cuando la demanda social es resultado de una posición fuera de contexto, producto de una militancia ciudadana ocasional.

Tanto quienes personifiquen los órganos del gobierno, como los ciudadanos actuantes, deben asumir su conducta, apoyados en la pertinencia de la protesta y la solución que se proponga.

El uso de la libertad de expresión, debe tener un respaldo lógico y axiológico, para que contribuya realmente a la evolución del Estado. Utilizar expresiones falaces o condenas públicas sin soporte, lejos de ennoblecer el ejercicio de la libertad, contribuyen a desprestigiarla y propician su cancelación.

Todos debiéramos asumir la defensa del Estado. La mejor manera de hacerlo, es procurar su evolución, evitando el desprestigio de la norma jurídica, por su inoperancia.

El sinsentido de las reformas jurídicas, obedece a la deficiente formación cívica de los ciudadanos y; a la ignorancia o mala fe, de quienes pretenden justificar su apetito de poder, prometiéndole al elector algo que no se podrá cumplir. Las promesas falsas y su incumplimiento, es una de las razones de más peso, en contra del prestigio de quienes ejercen la política.

Los ciudadanos están obligados a defender el curso evolutivo del Estado del que forman parte. Para fomentar la cultura cívica y jurídica del ciudadano, es necesario que ejerzan ciudadanía militante, quienes por su preparación y cultura, está en aptitud de aportar para ello.

Si el Estado crea condiciones para que la vigencia de los valores progrese, la vida social se enriquecerá y será factible, que en la población se desarrolle una vocación firme por la justicia y la verdad.