Concientizar a la población tarea inaplazable

Comprometer a la población en un proyecto capaz de proporcionarle: casa, vestido, sustento, educación y recreación, debe ser compromiso total del Estado, que aspire a convertirse, además, en una nación, en donde los intereses y acuerdos comunes le permitan realizarse como individuo y lograr, con el instinto gregario, trascender en el tiempo en un espacio determinado, logrando con ello realizarse como entidad soberana, capaz de autodeterminarse y auto limitarse; para crear una cultura que le identifique en el tiempo y en el espacio, con otros seres humanos, en el deseo legítimo de trascender en el tiempo.

No puede haber estado nacional si no se produce una cultura que le identifique. Ese conjunto de acciones colectivas será tanto más productivo, cuando encuentre la disposición anímica dispuesta a mejorarla, esto es, a quererla y defender su pasado, su presente y, crear bases sólidas para forjar un futuro amplio, en donde nazcan los renuevos, se realicen como personas y finalmente, encuentren un espacio para ser recordados; si no como individuos, sí, como entidades capaces de haber transformado, en bien de la colectividad, la naturaleza de la que se apropiaron.

Consensuar una vida armónica en la cual sea posible encontrar la dicha y la felicidad relativas, será el objetivo tras el cual, identificada e interactuando, podrá la población querrá lograr una comunidad de mujeres y hombres libres; donde la libertad, les permita realizarse como entidades racionales, y alcanzar un estadio en la evolución social, que garantice, a esa comunidad, dejar como cultura, una historia, para testimoniarse ante la posteridad.

Concientizar sobre estas y otras finalidades; y transcurrir la vida, conscientes de la importancia de trabajar por alcanzar esas metas, es la alternativa que tendrán los estadistas, para alcanzar en la historia, la justificación de su paso por la vida. Sólo así, podrán lograr la aceptación de quienes les sucederán y, la historia del grupo, recordará con alegría y gratitud sus nombres.

Debemos inculcar en las generaciones nuevas y adultas, el logro de esas elevadas metas, para llenar con trabajo productivo nuestras vidas y encontrar en su desempeño, una justificación de nuestro paso, como entidades conscientes, capaces de actuar como humanos, herederos de una legión de mujeres y hombres, que sufrieron para tener un hogar desde donde proyectar el nuestro.

Si trabajamos por el hogar común, se derramarán sobre todos los beneficios de nuestro sacrificio; si nos empeñamos en tener y olvidamos nuestro compromiso con la evolución de la especie, sólo alcanzaremos el desprecio o en el mejor de los casos, el olvido de quienes habrán de venir después.

Empeñarnos en forjar un Estado democrático, liberador de nuestras facultades superiores, a través de una educación al servicio de la democracia, entendida como una forma de vida, en donde sea el mejoramiento económico social y cultural de todos los habitantes de la nación, nuestro empeño cotidiano. Si la sociedad escoge ese camino, nadie tendrá necesidad de renegar de la vida y refugiarse en las drogas; ninguna madre estará en peligro de que la locura de su hijo le arranque la vida. Pero la indiferencia nos ha hecho insensibles ante el dolor ajeno. Es necesario volver a ser una sociedad mayoritariamente sana, mediante la estructuración de un Estado esencialmente humanista.