Scarleth Pérez

León.- La pequeña Susy de tres años, sobrevivió a un disparo de bala en la cabeza. Ya pasaron seis meses desde aquel día, en el que los médicos advirtieron que la menor no despertaría de la difícil operación. Hoy con una gran sonrisa, pero con la movilidad del lado izquierdo afectada, Susana es una de las miles de víctimas colaterales que la guerra del narcotráfico ha dejado en su paso por Guanajuato.

La mañana del 27 de julio, todo cambió en la casa de Lupita, a su papá lo asesinaron en la entrada del domicilio, en la colonia San Pablo, ahí cayó sin vida. Pero a los sicarios no les bastó una víctima, ingresaron al inmueble, donde encontraron a la señora Lupita con Susana en brazos, de entonces 2 años y medio. “A la niña no le dispares”, fue lo único que Lupita escuchó de los sicarios, de los cuales no recuerda nada, “todo fue muy rápido”. Segundos después, a la joven señora una bala le atravesó la espalda y un segundo disparo, le rozó en el cachete, para después impactar en la frente de la bebé.

“Me tambaleé, eso hizo que el disparo que le iba entrar directo a la cabeza, me diera en el cachete, ya después le pegó a ella (refiriéndose a Susana)”, platicó Lupita.

Los restos de la cinta amarilla, esa que usan los oficiales para delimitar el lugar de los hechos, aún se aprecia en la entrada de la casa familiar de Lupita, hogar de sus padres. El móvil del asesinato se lo atribuyen a un hermano de Lupita, el de en medio. Su adicción a las drogas habría sido el motivo. Pero el día del ataque, él no estaba. Nunca regresó. De él no saben nada, parece que se lo tragó la tierra. Don José, Lupita y Susana, pagaron una deuda que ni siquiera conocían.

El lamentable hecho, cambió la vida de todos en ese hogar. José, un hombre trabajador y buena gente -según lo describen los vecinos-, falleció. Su esposa y su hijo menor, no superan el homicidio. Para ellos los días pasan con la mirada perdida bajo el encierro de las paredes que guardan el último respiro de José. Su nieto, de cuatro años, hermano de Susy, señala el pie de puerta cuando escucha a los adultos hablar del abuelo, en ese lugar quedó su cuerpo y el pequeño, no lo olvida.

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En la calle Antioquía, los vecinos recuerdan el hecho con tristeza. Eran una bonita familia, dice una de las vecinas que frecuentemente les ayuda, “si nosotros supiéramos que andaban mal, ni les ayudamos, como a muchos otros de por aquí, lamentablemente los papás, pagan los errores de los hijos”, apuntó.

Desde el homicidio, la economía de la familia de Lupita decayó. De su papá, fabricante de tambores para la curtiduría, dependían su mamá y su hermano menor, ellos quedaron desprotegidos. El taller de José sigue intacto a la entrada del domicilio, ya nadie lo trabaja.

Lupita, como mamá soltera, trabajaba para mantener a sus dos hijos mientras la abuelita los cuidaba. Ahora que Susy quedó discapacitada de por vida y su abuelita, vive con una depresión que no le permite pararse de la cama, la joven madre sobrevive vendiendo dulces en la calle. Susy la acompaña en una carriola. Pero la carriola vieja se descompuso y surtir la pequeña canasta con la que vende, no siempre es posible, las pocas ganancias se acaban en las dos visitas semanales que Susy hace al CRIT en Irapuato.

Las terapias de rehabilitación están ayudando a que la pequeña recupere la movilidad del lado izquierdo de su cuerpo. Actualmente no puede caminar, aún ocupa pañal.

“Me habían dicho que Susy ya no iba a ver cuando despertara de la cirugía, pero Susy ve muy bien. Lo que sí es que va a quedar con una discapacidad motriz e intelectual para siempre, no la puedo dejar, sí se me cae, se me muere o se convulsiona”.

La mitad de la cabeza de Susy, no tiene cráneo. Lo perdió a causa de la herida. Para proteger su cerebro, tendrá que ser sometida a cirugía en días próximos. Pero gracias al desaparecido Seguro Popular, Lupita habrá de cubrir una cuota de 26 mil pesos, para la operación. No los tiene y reunirlos será difícil.

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En ese domicilio de Antioquía, no siempre hay comida en la mesa. El esfuerzo de la joven madre, ayuda algunas veces, pero son muchas las bocas que se tienen que alimentar de las ventas de una canasta de dulces pequeña que hoy está vacía y resulta realmente difícil de surtir.

De enero a noviembre de 2021, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública registró en Guanajuato el homicidio de 149 menores; 129 eran hombres y 20 mujeres. Esta cifra posicionó al estado como el número uno a nivel nacional en asesinatos de niñas, niños y adolescentes.

*Por seguridad de las víctimas, el domicilio exacto no se detalla en el texto, pero si su deseo es ayudar, puede dirigirse a la calle Antioquía, en la colonia San Pablo, ahí los vecinos están dispuestos a ayudar.