La última corrida de la feria resultó en un festejo agradable, gracias a la ejecución maestra de los toreros que se llevaron las palmas

Carlos Vertti

León.- El cerrojazo a la feria taurina León 2022 fue un derroche de generosidad por parte del juez de plaza en La Luz: nueve orejas y dos rabos premiaron la labor de los alternantes a un encierro de Villa Carmela, noble y de buen juego.

Alternaron Octavio García “el Payo”, Diego Silveti y Luis David Adame, ante tres cuartos de entrada en el coso leonés. Tarde agradable y medio nublada, que auguraba un festejo agradable.

Con el toro abreplaza “Ahorita viene”, de 510 kilos, el Payo inició faena de muleta con verónicas ajustadas, pausadas, pegado al burladero de matadores. Aunque engordado, fue el burel más grande de los que se presentaron en la temporada. Era un cárdeno bragado, cornivuelto, que embistió con franqueza al caballo.

Vale la pena destacar la labor de los subalternos en los seis toros. Picadores y banderilleros estuvieron en grande, con mención especial al leonés Luis Alcántar.

Foto: cortesía

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Con este primer toro, el diestro queretano, vestido de nazareno y oro,  inició faena en tablas para llevarlo hacia las afueras. “Ahorita viene” metía bien la cabeza y terminaba derrotando; la faena del Payo fue por ambos lados, templando con lentitud una serie de naturales. Un pinchazo recibiendo y una estocada entera en todo lo alto, para la primera oreja de la tarde.

Al segundo de su lote, “Salud”, de 498 kilos, negro entrepelado, lo recibió con un afarolado de rodillas, seguido con artísticas verónicas. La faena fue excepcional; en el segundo tercio aprovechó la nobleza del animal para realizarle tandas de derechazos, prolongados, y series de naturales; la faena fue variada con adornos de todo tipo, manteniéndose pegado al paso del toro.

Fue levantado mientras ejecutaba unas manoletinas para cerrar la faena de muleta. Mató recibiendo, con estocada entera, para recibir orejas y rabo de un brillante astado que mereció vuelta al ruedo.

En el intermedio se brindó un homenaje al siempre bien recordado Javier Contereras “Buster”, empresario, ganadero y durante muchos años juez de plaza. Estuvo en el palco de la autoridad, pero su presencia no limitó al actual usía en su largueza para conceder apéndices.

Foto: cortesía

Diego Silveti (Burdeos y oro) enfrentó a “Licenciado”, de 458 kilos, un hermoso berrendo calcetero, cornivuelto, crecido ante la vara. Recibió por verónicas y quitó por gaoneras. Un par de cambiados en el centro del ruedo iniciaron la faena de muleta, terminando la labor con bernardinas, tirando la espada. Estoqueó recibiendo, trasera pero fulminante, para recibir dos orejas.

En su segundo, quinto de la tarde, de nombre Notario y de 450 kilos, cárdeno claro, el salmantino recibió con vistosos lances, inmóvil en un palmo de terreno, quitando por saltilleras. El toreo de muleta se le dio por derechazos, cuajando vistosas series. En el estoque, tres cuartos de acero bien colocados para recibir dos orejas y rabo.

El joven Adame, vestido de palo de rosa y oro, batalló con su primero, el tercer toro de la tarde, por su falta de casta. El astado se llamó “No soy adivino”, de 474 kilos, cárdeno bragado al que recibió con verónicas y condujo a la vara mediante chicuelinas andantes. La faena fue breve pues el animal se apagó, débil y reacio a la embestida. Mató de bajonazo y escuchó aplausos. De esta faena fue de agradecerse el arte con el capote.

Foto: Cortesía

El sexto de la tarde, “Amparo”, de 506 kilos, se dañó al embestir al caballo. El de reserva, “Inquieto”, de 494 kilos, fue recibido con valor y arte con tres afarolados de rodillas y chicuelinas en el centro del ruedo. Nuevamente: en el primer tercio, Luis David Adame lució mucho más que sus alternantes.

Quitó por zapopinas y él colocó los tres pares de banderillas, impecables. Con la muleta, inició faena con un péndulo de hinojos; brilló con una serie de derechazos, aunque el toro ya había desarrollado sentido y traía malas ideas. Unas bernardinas antes de la suerte suprema, y finalmente estocada en todo lo alto: dos orejas.

La última corrida de feria, pese a lo excesivo en los trofeos, dejó buen sabor de boca a la afición leonesa… a pesar de las serpentinas, cantante y bengalas con las que la empresa quiso adornar la tarde.

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