Jazmín Castro

León.- Su regalo de cumpleaños fue enterarse que estaba embarazada, Kenia N. con 16 años de edad, tenía siete meses de embarazo y no se imaginó la avalancha de cambios que generaría en su vida.

“Tener un bebé es lo más hermoso (…) pero me hubiera gustado disfrutar mi juventud”, cuenta mientras observaba como juega Eithan y quien apenas cumplió un año de edad.

Con toda la juventud de una chica de poco más de 17 años de edad, cuenta con una sonrisa en su rostro la emoción que le provoca tener a sus hijo entre sus brazos, lo pequeño que es y la felicidad que le provoca.

Pero no todo fue así, pues recuerda que cuando se enteró que estaba embarazada, se llenó de miedo y lloró y lloró por largas horas, se cuestionó que iba a pasar con su vida, “no me sabía cuidar ni yo, me gustaba dormir mucho y no me hacía de comer ni para mí, ¿cómo iba a cuidar a un niño?”,  explicó.

Con una vida social, muchos amigos, salidas y trabajo, todo lo que ganaba era para ella, ropa, perfumes, zapatos, todo a lo que una joven de su edad aspira.

Pero ya nada es así, ahora tienen un bebé de un año, al que tienen que cuidar, dar su amor y sobre todo su atención al 100%.

Se acabaron las fiestas, pues dice que no le gusta dejar la carga a sus padres, quien la  ha apoyado todo el tiempo con la manutención de Eithan.

Ahora, Kenia asegura que le gustaría en un futuro regresar a la escuela, trabajar y poder mantener ella sola a su bebé, pero por el momento tendrán que estar bajo el cuidado de sus padres.

Y aunque alguien tan pequeño transformó en su vida, no se arrepiente, pero con nostalgia recuerda que también tuvo que vivir experiencias propias de su edad.

Finalmente, Kenia dice que ve hacía el futuro porque no puede regresar el tiempo y ni quiere, pues ahora la madurez llegó más pronto y desea enfrentar todo por su pequeño Eithan.

LC