Nunca he sido fanática de la ciencia ficción, jamás ha sido mi primer género de elección ni para escribir ni para leer. Pero las noticias que nos llegan parecen sacadas de un cuento de Asimov o de Bradbury. Mientras en el planeta Tierra se vive una pandemia que azota al mundo entero, el vehículo de la NASA Perseverance  aterrizó en la superficie de Marte con la ambiciosa misión de buscar signos de vida en el planeta rojo.

Lo que antes entraba en el terreno de la ficción, hoy ya cruzó la frontera de lo fantástico y se hizo realidad. Se confirmó el aterrizaje. Efectivamente, el artefacto ya inició la pesquisa de rastros de vida. Swati Mohan, líder del proyecto, informó al mundo sobre el éxito inicial de su misión.

De hecho, ya podemos ver las imágenes que se enviaron de la superficie marciana. Sí, es cierto con son fotografías de muy baja resolución, pero podemos distinguir un terreno árido, con cráteres que están rodeados de arena. La lámina está en blanco y negro, pero se distingue una superficie polvorienta, poco agraciada, nada provocadora. Por lo que se ve, Marte no compite para convertirse en un destino turístico, al menos no por lo pronto.

Habrá que esperar hasta el fin de semana para recibir mejores retratos, se enviarán imágenes de alta resolución, pero por lo que se aprecia, tampoco es que vaya a cambiar mucho el panorama. A pesar del paisaje tan desolado, siento enorme gusto de contemplar esas fotografías. Se me hincha el pecho y pienso en el buen trabajo que han hecho los científicos a lo largo de los años para lograr este éxito.

Es maravilloso, no se pueden escatimar los aplausos y los vítores. Es asombroso. Las imágenes de los artefactos inter-espaciales parecen sacados de una película de Hollywood. Y, no es tal: es verdad, el Perseverance ya está rodando en la superficie marciana.

Su primera tarea será tomar fotografías de sus propias ruedas. Parece una tarea modesta pero significativa: primero lo primero, hay que saber que terreno se está pisando. También, desde la estación terrícola de Pasadena se verificará el estado del vehículo. Una vez concluidas estas actividades, Perseverance será conducido a una superficie plana que pueda servir de pista a Ingenuity, un helicóptero pequeño de propulsión solar que ayudará a evitar y esquivar cualquier obstáculo que se encuentre en el suelo marciano.

Es increíble, todo lo es. Desde el vocabulario que se usa para hacer las descripciones de los escenarios, los personajes de esta misión que son máquinas, los nombres que se utilizaron: perseverancia e ingenuidad. En verdad, parece que estoy narrando una pieza de ciencia ficción, pero la realidad nos gana. Se enciende la esperanza. No todo son malas noticias. Este enorme salto es como conseguir el Santo Grial de la astrociencia.

Los astrobiólogos han soñado con un momento así. Han sido años de estudios, proyectos, hipótesis, horas de laboratorio, cálculos. Sobre todo, han sido años de esperanza y fe. Creyeron que lo lograrían y lo hicieron. Lo lograron a pesar de los numerosos fracasos que sufrieron, de la frustración de los intentos fallidos.

Estas crónicas marcianas, las que ya no son ciencia ficción, sino que son realidades, están plenas de generosidad. Muchos de los que iniciaron estos estudios, no los verán concluidos. Muchos de los especímenes que se recolectarán, tendrán que esperar hasta el 2030 para ser estudiados y quienes hicieron posible su recolección, no los podrán tocar. Hoy, las imágenes que mandó Perseverance nos llevan a reflexionar sobre lo que somos y nuestro lugar en el universo. Nos llevan a agradecer a los que no cayeron en la tentación de darse por vencidos. ¡Bravo! Así iniciamos estas crónicas marcianas.