Desde que apareció una encuesta que lo mostraba como el opositor mejor posicionado para la elección presidencial de 2024, se desató mucha conversación en torno a la posibilidad de que Luis Donaldo Colosio Riojas sea quien enfrente a quien López Obrador lance por Morena.

Algunos de los que alientan esta posibilidad han incluso puesto sobre la mesa un slogan de campaña: “Ahora sí, Colosio Presidente”. Es decir, posicionar a Colosio hijo como un anti-sistema, una víctima de lo más podrido de México que le quitó a su padre la Presidencia y a él le quitó a su padre; permear en el electorado una sensación de reivindicación histórica a un apellido cuyo patriarca pagó con su vida denunciar la injusticia, la pobreza y la corrupción. En síntesis, arrebatarle a AMLO las banderas que le dieron Palacio Nacional. ¿El primer mitin en el Monumento a la Revolución donde su padre pronunció aquel mítico discurso que se interpretó como el rompimiento con el entonces presidente Salinas de Gortari?

A Colosio Riojas lo describen como un joven político que no tiene las excentricidades y banalidades de otros de su generación, que no teme a los reflectores, que sabe el apellido que carga y se nota, y que tiene facilidad de palabra (quiso ser actor, y estudió para ello).

El apellido lo reconoce todo México (es el principal activo), él no tiene enemigos y tampoco ha estado metido en escándalos personales. En contraste, lo ubican como francamente novato (ha sido apenas diputado local y unos meses alcalde), carente de la madurez para un cargo de esa magnitud, sin equipo y muy desconfiado (se entiende, la política le ha cobrado mucho desde niño).

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Como posibilidad para el 2024, Colosio hijo está en la conversación de los partidos políticos de oposición, tanto los tradicionales de la Alianza como desde luego en Movimiento Ciudadano, que sabe que actualmente es su figura, pero que también sabe que el puro apellido tiene más votos que MC y se les puede ir si no lo cuidan. Pero sobre todo, varios personajes del mundo de la política, algunos contemporáneos de su padre, y no pocos empresarios de buen nivel, están viendo con buenos ojos a Colosio y buscando arroparlo y crearle un camino para insertarlo en la baraja de la sucesión.

Y con dos narrativas que buscan seducir a la esquina de enfrente. Las relatan así:

Primero, Colosio Riojas es un joven criado en la institucionalidad que le puede dar garantías creíbles al Ejército (que con el poder político y económico que ha recibido de López Obrador, va a ser un jugador relevantísimo en la sucesión).

Y segundo, llegado el momento, si su candidatura prende y la del oficialismo se atora, ofrecer garantías a López Obrador de que no es mal legado —para su manera de leer a México— entregarle el poder a un Colosio, un apellido al que “la mafia del poder” no dejó llegar.

Hoy, Colosio hijo está en la conversación. Es una conversación a la que le falta mucho. En todos los sentidos.