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Enrique R. Soriano

Chispitas de lenguaje

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La pronunciación del náhuatl

El náhuatl en la práctica es la segunda lengua de nuestro país. El Instituto Nacional de Estadista y Geografía, Inegi, registra casi dos millones de personas que le tienen por lengua materna. En México, Guatemala y El Salvador (y, por supuesto, el sur de los Estados Unidos de América) hablamos un español salpicado de cientos de palabras de este origen (independientemente de los nombres de los productos que, por razones naturales, se han incorporado a casi todas las  lenguas, como el vocablo ‘chocolate’). Por razones naturales, dimos a esos vocablos una tonalidad castiza. En virtud de ello, hemos olvidado la pronunciación original.

En días pasados, a través del Facebook compartí un artículo de la revista de ‘Arqueología Mexicana’. En ella se enunció al vocablo ‘cempoallapohualli’, la cuenta de las veintenas. Uno de mis contactos me consultó sobre la pronunciación de la palabra. Francamente desconocía algunos detalles que ahora expongo.

Cuando se aplicó el alfabeto europeo para representar las voces del náhuatl, se buscó (característica del idioma europeo) escribir como se oía (la ventaja es que muy pocas letras tienen más de un sonido en español). Sin embargo, el trabajo no fue fácil. Por ejemplo, la palabra que hoy escribimos como ‘centli’ (base, fundamento o semilla de maíz) en el sonido original no era fácil diferenciar si la primera vocal era ‘e’ o ‘i’. Es decir, debió pronunciarse algo así como ‘ceintli’, pero como una sola entonación el primer  tono vocálico.

Por supuesto, con el paso del tiempo y la evolución propia del mismo español, el alejamiento a los sonidos originales se ha hecho más marcado. Incluso, en la actualidad un náhuatl de Veracruz tiene diferencias muy marcadas con un náhuatl del Estado de México.

Por fortuna, cuento con la amistad de Jehu Bautista Martínez, profesor del náhuatl de la Universidad de Guanajuato, quien tiene como lengua materna el náhuatl. A él recurrí para resolver la duda que me plantearon. Transcribo lo que me informó: «La doble ll no se pronuncia en el náhuatl, no hay forma. En la gramática del náhuatl hay muchas palabras que se escriben con doble ll (pialli= hola, calli= casa, etc.), pero estas palabras siempre alargan la consonante. Por eso es que en el náhuatl tenemos vocales largas y cortas…». Y más adelante me precisa: «la pronunciación sería pial-li y cal-li». Es decir, que en vez de enunciar  ‘cempoayapohuayi’, debe exclamarse como ‘cempoal-lapohual-li’. Cada ele tiene su propio sonido y no representa eye con que enunciamos la doble ll en español.

Lo mismo sucede con el nombre de nuestro país. El maestro Bautista Martínez me explicó que la X tiene sonido sh. Por lo tanto, el nombre de nuestro país debía pronunciarse ‘Méshico’ y no ‘Méjico’ como actualmente sucede.

Rescatar nuestras lenguas originales, los sonidos que caracterizaron a los vocablos nativos y propiciar que se mantengan es fortalecer la riqueza cultural de nuestro país. Es reconocer en nuestras palabras, en nuestras voces ancestrales, esa parte del mexicano moderno que aún falta por consolidar. Es encontrarnos a nosotros mismos.

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Enrique R. Soriano

La coma de orden inverso

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La coma de orden inverso

La coma –signo de puntuación incomprendido– tiene un uso poco difundido y casi olvidado porque, incluso, las escuelas ni siquiera lo aplican en sus listados (cuando deberían ser las primeras en usarlo para demostrar a los mismos alumnos que utilizan lo que presumiblemente enseñan). Me refiero a la coma que señala un orden distinto.

Inicio por el orden en las oraciones. En una oración simple, la gramática señala como el orden básico sujeto y predicado (al interior de este último, verbo y complemento). Pongo como ejemplo una oración simple con sujeto tácito (esa persona gramatical que no se enuncia, pero está presente por la conjugación del verbo): «Cerramos las operaciones antes de conocer las cotizaciones finales del día». El sujeto es ‘nosotros’. Es tácito porque no se enunció, pero se sobrentiende por la conjugación del verbo (en la tercera del plural): cerramos.

Si por alguna razón interesa destacar el complemento, debe incluirse una coma para indicar que hay un orden modificado: «Antes de conocer las cotizaciones finales del día, cerramos la operación». Esta forma de organizar las oraciones la hacemos cotidianamente, pero muchos redactores olvidan la coma. Esta es muy importante porque nos permite comprender que el orden se modificó.

Ejemplifico ahora con los nombres propios en un listado. En las escuelas regularmente se inicia por el apellido: Soriano Valencia, Enrique. La mayoría de las listas escolares no incluyen esa coma y es un error ortográfico. Pongo ahora un ejemplo con nombres que podrían confundirse con apellidos: Martín Alonso Jaime. Un nombre así, sin comas, debe interpretarse que el nombre de pila es Martín, el apellido paterno es Alonso y el materno es Jaime. Ello debido a que nadie tiene comas (aunque sí puntos: J. Jesús o Ma. del Carmen) en su nombre. Sin embargo, si se usa debidamente la coma –Martín Alonso, Jaime–, ahora Jaime ha pasado a ser el nombre de pila. Más aún, si la coma apareciera entre Martín y Alonso, se entendería que solo tiene un apellido (el de la madre) y posee dos nombres de pila.

En los nombres, podría quedar como un caso anecdótico sin aparente repercusión (no obstante, deberían preguntar a quienes han tenido problemas legales por las modificaciones en su nombre). Pero veamos un texto. No es lo mismo: «El argumento es erróneo tal como lo sostuvo», que implica que alguien argumentó de forma incorrecta; a señalar: «El argumento es erróneo, tal como lo sostuvo», donde se indica que la persona asegura que algo es erróneo.

Es decir, enunciar o dejar de enunciar una coma (por eso evite el criterio tan inconsistente de «donde te falta el aire») puede ser muy grave, pues podría dar a entender algo diametralmente distinto a lo deseado.

Otro ejemplo: «Enrique se cayó», donde no debe haber coma entre el sujeto y el verbo. Pero dejar de poner coma de orden en «La queja, se atendió adecuadamente» daría la impresión que la queja hizo la labor de atenderse por sí misma.

Debo disculparme porque la semana pasada cometí un error de concordancia de género al inicio de mi comentario. Lo lamento.

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Enrique R. Soriano

Gerundio en inglés y español

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Gerundio en inglés y español

El gerundio es uno de las figuras gramaticales menos comprendidas en nuestro idioma. Incluso, entre correctores de estilo, se prefiere evitar su uso. Eso debido a que la mayoría de los casos está mal aplicado. Los errores se deben a la influencia de la figura en inglés en español. Me refiero a que en ambos idiomas existe, pero sus usos varían en algunos aspectos de forma radical, acorde a las gramáticas de cada idioma.

Por principio el gerundio en español se construye con las terminaciones –ando/–endo. En inglés, en tanto, se hace mediante la terminación –ing. En español, la gramática lo clasifica como verboide; en inglés es una modalidad verbal. Esa clasificación en español se debe a que no refleja persona gramatical ejecutante de la acción (modo no personal), ni tampoco momento de la acción (el tiempo depende del otro verbo en la oración). Es decir, en ambos aspectos depende de otro verbo.

En inglés, se usa para formar los tiempos llamados progresivos / continuo (pasado, presente o futuro). Sin embargo, en español la clasificación es diferente: con los verbos ser y estar (en cualquiera de sus tiempos) se crea un modo de hablar que se clasifica como voz progresiva. En ambos idiomas esta modalidad refleja una idea que se desarrolla en un lapso extenso. Si se enuncia: «Mi hermano está cocinando» se comprende que es una acción que arranca desde un pasado más o menos lejano al momento de decirlo y terminará en un futuro aún no determinado. Es un periodo amplio. En español (modo) y en inglés (tiempo) se llaman progresivo porque se desarrolla y mantiene en progreso la acción.

No obste, en inglés otra forma de conceptuar al gerundio es como objeto continuo que recibe la acción de alguien: “Cooking is his passion”, que se traduciría: «Cocinar es su pasión». En español diríamos que el verbo fue hecho sustantivo (se enuncia como infinitivo) y recibe la acción de quien realiza esa acción.

El gerundio, aunque sea equivalente, no tiene el mismo uso en ambos idiomas.

En especial a causa de traducciones deficientes, literales, han influido mucho el español en un uso inapropiado: «El avión se estrelló esta mañana, siendo encontrados sus restos tres kilómetros a la redonda». Esto en inglés sí tiene sentido; pero en español, no. En nuestro idioma, el gerundio no puede reflejar un tiempo posterior al verbo de referencia. En español podría enunciarse así: «Esta mañana se estrelló un avión, sus restos fueron encontrados tres kilómetros a la redonda». Son dos oraciones simples unidas por la coma, pero una en voz activa y la otra, en pasiva.

Como no todos los redactores (particularmente de textos del sector público) saben distinguir las distintas voces (pasiva, activa y progresiva), es recomendable hacer dos oraciones independientes: «Un avió se estrelló esta mañana. Los restos de la aeronave se hallaron en un radio de tres kilómetros del lugar del accidente». Es un modelo más efectivo y evita el gerundio, francamente poco dominado y comprendido en español por quienes suelen redactar.

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Enrique R. Soriano

Escribir a mano

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Escribir a mano

Escribir a mano empieza a ser una práctica olvidada. Las nuevas generaciones no saben ya lo que es la caligrafía (ese desarrollo de destrezas en el trazo para embellecer la letra). Los teclados han sustituido a los bolígrafos y lápices. Pero eso no es lo más grave (finalmente la tecnología evoluciona para hacer más práctica la vida), ¿sabe cuál es impacto en el cerebro por dejar de practicarlo y, por tanto, las repercusiones?

Escribir nos activa muchas zonas del cerebro, en especial lo que se conoce como las zonas de Broca (lóbulo frontal) y de Wernicke (lóbulo parietal). Esta última sección está asociada a la comprensión del código y su interpretación. Es decir, esta sección no solo reconoce como el lugar donde habitamos a la palabra hogar, sino también lo afectivo que contiene, a diferencia del vocablo casa.

El área de Broca está vinculado a la estructuración, ordenación y, por tanto, a la toma de decisiones. Por supuesto al escribir, esta área se activa porque estructura el discurso, pero también propicia la profundización y reflexión sobre el tema desarrollado. Por ello, escribir fortalece el análisis, el pensamiento profundo y las capacidades directivas.

Pero hasta aquí eso implica escribir. Escribir a mano es un proceso que involucra otros aspectos de psicomotricidad (el teclado también lo hace pero de otra forma pues solo obliga al movimiento de los dedos en determinadas direcciones preestablecidas). Es decir, el movimiento de la mano, la destreza de la muñeca, el movimiento del brazo, pero particularmente, la mayor lentitud frente a hablar o escribir con teclado obliga al cerebro a prestar mayor atención, según varios estudios de algunas universidades europeas. Eso incide directamente con la memoria. Es decir, escribir a mano fortalece la capacidad de concentración y la memoria.

La concentración, no perder la idea en el momento de escribir, exige también –si se están tomando apuntes en clase– a multiplicar la funcionalidad. Esto es  que al estructurar la idea en el cuaderno y prestar atención a lo que continúa explicando un profesor, exige concentración en dos áreas, que propician que le hipocampo (zona central del cerebro, responsabilizada de la memoria a corto plazo y de discernir el peso o trascendencia de la información para ser olvidada o almacenada en las capas periféricas del cerebro) desarrolle más funciones. Eso trae como consecuencia multiplicar las sinapsis entre neuronas; desarrollar mayor número de conexiones neuronales, lo que hace al cerebro optimizarse, ser más efectivo, rápido y multifuncional. Asimismo, ayuda a fijar mejor las ideas y hacerlas propias porque imprime trazos personalizados.

Debería promoverse entre las nuevas generaciones escribir cartas a mano a familiares (aunque estén cercanos) o cuando menos tener un diario. Estas dos actividades podrían llevar a que las nuevas generaciones se alejen de distractores, como las redes sociales, y que desarrollen mayor número de habilidades más allá de las tecnológicas.

Escribir en sí mismo ayuda a identificarse con el lector. Pero escribir a mano  casi implica acariciar directamente a nuestro interlocutor: carta de amor escrita a mano, siempre será una experiencia suprema.

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