La Asociación de Bancos de México anunció que el sistema bancario cerró 2020 con 1.4 billones de pesos disponibles para financiar proyectos, monto que proviene de la diferencia entre la captación total y la cartera de crédito.

A pesar de lo anterior el crédito al sector privado por parte de los bancos se contrajo 4.3% en términos reales, haciendo que lo anterior suene totalmente contradictorio. El gremio bancario ha enfatizado que la contracción del crédito se debe principalmente a que los hogares y empresas han sido más prudentes y evitan contratar nuevos créditos.

Un hecho destacable es que el sector actuó de manera ágil y rápida para mitigar el impacto de la crisis por la pandemia, que se tradujo en una menor contracción del crédito al sector privado en términos reales, que durante las crisis de 1995 y 2009 fueron de -35.3% y -4.9%, con caídas en la economía mucho menores, medidas a través del PIB.

Adicionalmente, se anunció la acumulación de reservas para enfrentar riesgos crediticios hasta por 218 mil millones de pesos, de los cuales, 44 mil millones corresponden a reservas adicionales, que son para uso contingente y se generan por encima del de los requerimientos mínimos de los modelos de riesgo de cada institución.

De acuerdo con la información reportada por CNBV, el primer mes del año marcó un punto de inflexión en la cartera total de crédito con un crecimiento nominal del 0.9% respecto a diciembre, recordemos que desde mayo del año pasado se contrajo mes a mes. Esto debido a que la cartera comercial por fin volvió a crecer y la cartera de vivienda continuó su avance, aunque ralentizado. El índice de morosidad por su lado continuó su ascenso para ubicarse en 2.70%, que implica un crecimiento del 6% mes/mes de la cartera vencida.

Pese a lo anterior, suena poco creíble el potencial de financiamiento que la banca enfatiza:

  1. Desde la perspectiva de la demanda, es esperado que el crédito al consumo repuntará de forma sostenida hasta que haya una recuperación significativa en el empleo, pero en el caso de las empresas lo lógico es que haya más demanda conforme aumente la actividad económica con base al semáforo epidemiológico.
  2. Por el lado de la oferta, algo que los bancos no han clarificado es la situación de ese 69% de la cartera que fue inscrita a programas de apoyo pero que no fueron reestructurados y que debieron reanudar el pago de sus créditos desde finales de 2020, cartera que asciende a 760 mil millones de pesos y que representa poco más del 64% del capital contable del sistema bancario.
  3. Hay que considerar que el financiamiento interno y externo al sector privado en México alcanzó un máximo del 52% como porcentaje del PIB a septiembre del año pasado, lo que confirma que estamos transitando de la fase de liquidez a la fase de solvencia, que no es otra cosa que las empresas en México en promedio se endeudaron mucho más para sobrevivir, por lo que acceder a más crédito provocará una mayor tasa, debido a un mayor riesgo por apalancamiento.
  4. Y finalmente podemos agregar que, bajo un ambiente de mayor riesgo crediticio, es necesaria una mayor creación de reservas por cada peso otorgado en crédito, especialmente para aquellas regiones y sectores más afectados.

Lo anterior nos lleva a plantearnos que la prioridad de innovación en el sector financiero es una mejor gestión del riesgo crediticio a través de la tecnología financiera, de poco sirve desarrollar canales digitales si la oferta de crédito no puede llegar a nuevos clientes y mucho menos si cuando llega es a través de tasas de interés extractivas.

No hay mejor incentivo que canalizar la liquidez que actualmente capta el sistema bancario y al mismo tiempo atender la necesidad más apremiante de hogares y empresas, más acceso al crédito, pero a mejores condiciones de costo.