Fue el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, y sus medidas de contención de la Covid-19 y no la expansión de la pandemia en Guanajuato, la que obligó al gobierno del estado, a través de sus secretarías de Turismo y Salud, a imponer pruebas de detección del coronavirus en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato (AIG) en los vuelos internacionales y a buscar que los hoteles de Guanajuato capital, San Miguel de Allende y León, las incluyan en sus servicios.

De acuerdo con la Secretaría de Turismo estatal, que dirige Juan José Álvarez Brunel, en acuerdo con el Grupo Aeroportuario del Pacífico, en el AIG, a partir de este lunes 25 de enero se instalarán los módulos temporales para la realización de las pruebas. La de Antígenos tendrá un costo de 450 pesos y la de PCR de mil 450 pesos, costo que deberán sufragar los pasajeros de vuelos internacionales.

La disposición que llevó a esta determinación fue emitida en Washington a mediados de la semana pasada, desde este martes 26 de enero los viajeros que deseen ingresar a los Estados Unidos serán requeridos de la presentación de una prueba Covid-19 con resultado negativo, realizada hasta 72 horas antes del viaje.

Sería oportuno, ya entrados en asumir medidas, que las pruebas se apliquen a los viajeros que ingresan al estado por este medio y provienen del exterior, sobre todo ante la notificación de cepas, como la británica, que no solo es de rápido contagio, sino que comienza a acumular evidencia de mayor agresividad en el daño a los pacientes de Covid-19. Si Hugo López-Gatell, el necio subsecretario de Salud federal, menospreció esta circunstancia hace unos días, como también lo hizo con la Covid-19 cuando inició su expansión hace casi un año, en Guanajuato bien podría tomarse la prevención como la máxima para detectar estos riesgos entre los viajeros. Entre más información, mayor oportunidad de acción. No en vano Israel, nación que va adelantada en sus vacunas, ha comenzado a cerrar fronteras ante la emergencia de estas cepas más agresivas en el mundo.

La petición a los hoteles, por los muchachos de Álvarez Brunel, para que se apliquen pruebas a los turistas, es un medio más de apoyo a los esfuerzos por enfrentar el alza de contagios. Los alcaldes de las principales ciudades turísticas, a quienes también se les ha pedido apoyo, a decir de la dependencia, deben acelerar el paso. En este sentido, el alcalde de San Miguel de Allende, Luis Alberto Villarreal, quien ya solventó la deuda pública del municipio, puede disponer de más recursos para proteger a su ciudad, referente turístico internacional.

En León, Héctor López Santillana debe abrir el arca e invertir en la atención de la pandemia. Las muertes cuestan más que cancelar la Feria Estatal de León o ya no invertir en festivales futuros en este año. En esta ocasión, ahora es esencial. Más pruebas, más espacios de atención y reordenar la vida económica, a partir de prioridades, es la ruta. Gobernantes y población deben entender que no podemos vivir como en 2019, las condiciones de producción y consumo deben limitarse a lo fundamental. Es prácticamente llevar a la economía a una condición de guerra. Ya habrá tiempo, con salud, de retomar el consumo de lo banal.

Basta leer los obituarios. No vale de nada la posición económica o prestigio social cuando se enfrenta la Covid-19 en condiciones de gravedad. Han muerto empresarios notables, trabajadores comprometidos, profesionistas que nos harán falta. Hay que replantear nuestro modo de vida y eso implica orientar a la población en un esfuerzo excepcional, pero indispensable.