Ocio

Bordar para crear un mundo juntas

Juana Adriana Rocha

Guanajuato.- El bordado y el tejido son desde sus orígenes una forma de lenguaje, reflejan el mundo y el conocimiento de los pueblos. Y con el paso del tiempo, han sido etiquetadas como actividades propias del género femenino.

“Nosotros las mujeres sabemos mucho de politizar el espacio doméstico”, dice Galia González Rosas, quien desde que era una niña en San José de Pantoja (Salvatierra), descubrió el potencial de bordar en grupo.

Actualmente encabeza un taller que convirtió en trinchera. Las armas son la aguja y el hilo, la batalla se libra en el corazón, contra un sistema que ha invisibilizado a las mujeres.

“Los conocimientos ‘masculinos’ se transmiten a través de las instituciones dadas, pero los conocimientos de las corporalidades silenciadas, de las mujeres, no se transmiten de la misma forma. Entonces tenemos que entender cómo se construyen esos saberes. Muchas veces se piensa que el bordado o las otras prácticas textiles son prácticas vacías, y realmente son saberes milenarios que nos hablan de otras tecnologías, de otras formas de entender el mundo”, explica Galia.

Un espacio para compartir

“Es necesario reconocer el conocimiento de las otras para poder aprender a bordar, a tejer, a coser. Desde ahí, más que una idea que me haya surgido, es algo que ha sucedido siempre”, explica Galia sobre el origen de su taller. Sólo replica de manera orgánica la forma en que las mujeres han tendido puentes entre ellas.

Destaca la importancia de crear espacios donde sea posible reconocerse en las historias de las demás.   “Reconociendo que las manos de la otra son valiosas, ya desde ahí estamos habitando el mundo que queremos, que es un mundo de nosotras”.

Atravesadas por el feminismo

Ante la pregunta de si el feminismo encontró en el bordado una forma de expresarse donde no tope con la represión, Galia señala que es sólo una acción más; es una manera de manifestarse que coexiste con las marchas, con la construcción de teorías y con otros gestos simbólicos de protesta.  Cada mujer busca el lenguaje adecuado a su contexto, pero todas resisten a su manera, aun cuando no se asuman feministas o se sientan alejadas del término.

“Cuando les hablas en un lenguaje que ellas reconocen, que son los hilos, entonces se dan cuenta de que los feminismos también las están atravesando a ellas, también se pueden reconocer en esas búsquedas de libertad que tenemos todas”, nos dice Galia, “cada una va accionando su feminismo según lo que le haya tocado vivir”.

Unidas a distancia

El pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Galia convocó a sus compañeras a bordar pañuelos feministas.

Al no poder tomar las calles, tomaron las redes sociales, herramienta valiosa en tiempos de pandemia.

“Lo que necesitamos es llenar las redes de gestos que exijan justicia para todas. Son importantes estas acciones simbólicas. Pareciera que el arte del bordado es una práctica pequeña, un gesto muy sencillo, pero en realidad encierra muchas cosas potentes”, nos dice.

La distancia fue sólo física. Cada participante bordó desde su espacio, reflexionó mientras tanto, y al final pudo compartir con las demás el proceso catártico de hilar un destino, una historia, un mensaje de aliento para todas.

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