Con los obstáculos generados por dos factores: la pandemia y el fortalecimiento de la delincuencia organizada como formidable poder fáctico, los ciudadanos podemos congratularnos de que una nueva legislatura dé seguimiento a la vida del poder legislativo, en el país y en el Estado de Guanajuato.

Como ciudadanos, podemos congratularnos de contar con instituciones que sirvan de base al Estado para su viabilidad, con la integración de los tres poderes, que deben garantizar el ejercicio soberano del poder público, como personificación del orden jurídico, que ambas Cámaras se comprometieron a cumplir y hacer cumplir. El juramento no contendrá excepciones ni pausas, tendrá que hacer factible la promesa, por el bien y la prosperidad de la Unión.

Desconocer las condiciones adversas en las que asumen el poder ambas Cámaras sería irresponsable, pero quienes se constituyeron en representantes de la sociedad no deberán asumirse como representantes de los partidos que los postularon, sino de la población que los eligió para objetivar los valores contenidos en el texto constitucional.

La concepción patrimonialista del poder debe quedar atrás, para iniciar una etapa de consolidación del poder público, independientemente del desafío que representan los poderes fácticos, para evitar que cualquiera de ellos pudiera convertirse en poder beligerante y romper el orden jurídico con el pretexto de sus intereses.

El poder público debe asumirse para que sean las leyes, genuinamente vigentes, quienes den las pautas para regular la vida social, y no los intereses dominantes. Los legisladores, con la fuerza de todos los que integran el poder legislativo, deberán defender el orden jurídico, apoyándose en los valores que contienen las normas vigentes y el espíritu que las inspiró.

La sexagésima cuarta legislatura enfrentó serias dificultades, pero se impuso el espíritu de cuerpo que garantizó la renovación de ese poder público, dentro de los cánones establecidos. El poder Legislativo, en los dos órdenes de Gobierno, deberá esforzarse para que la democracia avance; pero al mismo tiempo, deberá evitar que la anarquía acabe involucionando esa institución.

En el Estado de Guanajuato, avanzó la infraestructura, para fortalecer la investigación que deberá convertirse en instrumento para enriquecer la vida democrática del propio poder; al tiempo que se propiciará el diálogo, apoyado en la historia de la tarea legislativa, para que la maestra de la vida rija el futuro del trabajo en ese poder.

El instituto de Investigaciones Legislativas conformó un equipo plural que contribuirá a fortalecer el diálogo y evitar los convidados de piedra; que favorecen la corrupción cuando en lugar de la creatividad, se propicia la simulación. El trabajo en armonía, con las respectivas dependencias de la propia institución, dejó un valioso y organizado trabajo, que propiciará la investigación y, con ello, el desarrollo de los legisladores y su equipo de trabajo, para que las normas, auspicien el avance de las instituciones que las normas deben salvaguardar.

La investigación, correctamente utilizada, propicia la creatividad legislativa y la vinculación científica del legislador con sus representados. La educación cívica, al interior del poder Legislativo, propicia preparación sólida, que en el ejercicio de la representación, la fiscalización y la acción legislativa, asumidas lealmente, dejan poco margen a la estridencia y favorecen la creatividad.

Demos la bienvenida a la sexagésima quinta legislatura, a la difícil tarea de moderar la miseria y la opulencia.