Ayudan, pese a carencias, a jóvenes con adicciones

Fernando Amaro, ha apoyado a cientos de hombres y mujeres en 21 años que tiene la IAPAAC en Irapuato. Foto: Eduardo Ortega

El Centro de Rehabilitación ‘IAPAAC’, que lleva más de 21 años ayudando en Irapuato a personas con problemas de dependencia a las drogas y al alcohol

Anna Maciel

Irapuato.- Con sólo 14 años, Nayeli ya va a cumplir sus tres meses de desintoxicación en el anexo ‘IAPAAC’, ella llegó ahí pues fue canalizada por el DIF de su municipio para poder liberarse de una fuerte adicción al ‘crystal’ o ‘grillo’, la cual empezó a consumir por su bajo costo.

Al igual que César, quien desde antes de los 18 años ya se encontraba internado en su primer anexo, hoy con 23, sufre las consecuencias por consumir ‘crystal’ y ‘la mona’, pues en un ‘mal viaje’ se prendió fuego, quedando con quemaduras de tercer grado en pecho y cuello.

Actualmente ambos jóvenes viven en el Centro de Rehabilitación ‘IAPAAC’, que lleva más de 21 años ayudando en Irapuato a personas con adicción a las drogas y al alcohol, esto pese a que los apoyos del Municipio en estas dos décadas han sido mínimos.

Su fundador, Fernando Amaro o ‘Padrino’, como le dicen los internos, ha podido con el apoyo de la sociedad, sacar a delante a cientos de hombres y mujeres que cargan con esta enfermedad, y cuenta con la mala experiencia de ser adicto durante 15 años, en los que logró, tras tocar fondo, decidir cambiar la historia de otras personas.

“Ahora ya hay pastillas, crack, heroína, LCD, crystal, piedra, cosas muy adictivas, ya no es la mariguana, lo más bajo de antes era el cemento amarillo, los que usaban la cocaína era gente con mucho dinero. Yo empecé el grupo en el 1999 y en el 2008 me formé como asociación civil. Sin duda antes no había este tipo de cosas como hoy en día, había más valores, más familia, éramos más unidos, ahorita vienen chiquillos desde los 11 años con problemas muy serios de adicción”, comentó.

Mala fama

En Irapuato hay alrededor de nueve anexos, sin embargo, mucho se ha hablado de los tratos que en estos centros reciben los internos, como violaciones a sus derechos humanos, golpes y hasta humillaciones de algunos de los encargados, terminando muchas de las historias en suicidios.

“Les ponen peluca y los pintas como mujeres, ellos reparten café y pues les agarran lo que quieran y no deben de decir nada, les dan a los recaídos el ‘cobijazo’, los ponen en una cobija y los golpean con todas fuerzas durante cinco minutos o la ‘banca de la reflexión’ en donde se quedan varios días sentados en el mismo lugar, ahí comen, hacen del baño y ahí mismo duermen, es una verdadera tortura”, dijo.

Desde hace más de dos décadas el IAPAAC, que está ubicado en la Colonia Ganadera, ha buscado diversos métodos para generar la reflexión de los internos sin llegar a la violación de sus derechos y pidiendo a las familias de los que viven en el anexo una cuota mínima económica y una despensa básica a la semana.

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