Jessica de la Cruz

León.- Desde antes de que comenzara la pandemia, Sandy empezó con un comedor comunitario en donde regalaba 40 platillos diarios. Cuando la gente comenzó a quedarse sin empleo, incrementó la demanda y llegó a dar 150 comidas diarias, hace unos meses atrás bajó el consumo, pero a partir de las últimas semanas de octubre y principios de noviembre incrementó  nuevamente su demanda: ayer entregó 110 comidas aproximadamente.

La mayoría de las personas son de 50 años para arriba, y del sexo masculino. Casi todas las personas que acuden a este comedor público ubicado en la calle Madero, casi esquina con La Paz, es porque se quedaron sin dinero o ganan muy poco.

Francisco, es uno de los que estaba esperando en la fila para llevarse un plato de sopa caliente a la panza. Vive en San Miguel, paga 1 mil pesos de renta, ya tiene dos meses de retraso, pero desde enero se quedó sin trabajo, era pespuntador y ahora que sólo se carga 2 pesos en la bolsa, acude  este sitio para tener algo en la panza. Debido a su edad ya no ha encontrado tan fácil trabajo y ahora se dedica a juntar botellas de pet.

Sandy explicó que el menú depende de las verduras que se compren en el día, donaciones o aportaciones que hace la sociedad. Antes de que iniciara la pandemia, pedían una cuota de recuperación de 5 pesos, ahora que la economía de cada uno de ellos está por los suelos, todo es gratis.

Todas las personas hacen una fila con sana distancia y portando un cubre bocas. Sandy a lo lejos, desde su mesa, en donde tiene los alimentos, hace oración, y pide por la comida que se va a repartir hoy, todos levantan las manos y posteriormente aplauden. “Quizás sea el último alimento de nuestro día”, coinciden en la fila.

EZM