El proceso evolutivo de la política debe continuarse y los resultados electorales, reafirmar el compromiso de cumplir y hacer cumplir las leyes, inmersas en el proceso dialéctico, cuya única constante es “que todo cambia”.

De lo anterior, se colige la necesidad de apuntar los quehaceres de acción inmediata que reclama la realidad, para atenuar el sufrimiento que han dejado: la desigualdad, la violencia y la enajenación con sus nefastas consecuencias.

Será difícil encontrar quienes disientan que el rezago más importante para paliar los problemas que inundan de sufrimiento a la población es la urgencia de privilegiar la educación, como quehacer fundamental del Estado. La ciencia pedagógica debe cumplir como proyecto de consolidación ciudadana, que debe arrancar desde el hogar previamente capacitado para educar y culmine con los posdoctorados que deberán vincularse como un todo, a generar ciudadanos conscientes y responsables de la evolución de su país.

Uno de los objetivos torales que deberá proponerse la ciencia pedagógica, será encontrar la forma de lograr la disciplina de la población, en torno a la obediencia de las normas, pues prédicas desarticuladas, han trastocado la vida de la población. Ne es suficiente afirmar que lo mismo ocurre a otros grupos sociales o que es una tendencia mundial.

Lo cierto es que la violencia en contra de las mujeres, es una de las formas más lastimosas a las que puede dañar a una sociedad como la nuestra que, de repente, se ve flagelada por una serie de acontecimientos, cuya respuesta generalizada es la protesta, como forma reactiva, que no ataca el problema de fondo.

La violencia contra las mujeres deriva del concepto equivocado que tenemos de la persona humana. Hemos de reflexionar todos juntos, sobre la mejor forma de fortalecer la cultura del respeto; desterrar la idea de que las personas pueden llegar a convertirse en parte del patrimonio individual y encontrar la forma de resolver el problema que plantea al ser humano, la necesidad de amar, así como la necesidad de ser amado.

La educación habrá de asumirse con una visión más completa de las necesidades del ser humano, sin prejuicios que impidan llegar a soluciones, con respeto a la naturaleza humana, que se desarrolla en un contexto amenazado por la ruina del planeta y, una población creciente, que demanda acceso a los bienes de la civilización y la cultura, sin que tengamos idea clara de hasta dónde podemos disponer de los bienes del planeta, sin poner en riesgo la sobre vivencia de la especie.

Llegar a conclusiones valederas sobre ese tema tratado líneas arriba, implica el conocimiento profundo de la economía política. Los dirigentes sociales: políticos, empresarios, asesores espirituales, padres y madres de familia; rectores de las máximas y mínimas casas de estudios, deberán conocer y comprometerse a fortalecer la cultura cívica, que logre una ciudadanía consciente; pues la solución de los problemas que nos aquejan requiere del concurso de todos. Sin priorizar políticas públicas tendientes a dar a esas dos ciencias, lugar de privilegio en la formación de las élites de la sociedad, solamente se profundizará el abismo, entre privilegiados y desprotegidos de la fortuna y con ello, el caos y la anarquía.