Óscar Jiménez

León.- Ahora, a las arepas se les pone salsa. Sí, la tradicional comida venezolana ha tenido que mutar para encajar en el ‘sistema mexicano’. Eso, es tan solo una evidencia de lo que en escala mayor ha tenido que hacer la comunidad en el país que les ha adoptado con calidez, porque, a fin de cuentas, todo se traduce en adaptarse.

Según los registros de la Secretaría del Migrante en Guanajuato, hay 6 mil residentes venezolanos en la entidad, lo que convierte a ésta, en la mayor comunidad de extranjeros. Muy por encima de los 3 mil 800 españoles, los 2 mil 679 japoneses o los 2 mil alemanes y los 800 cubanos. Esto, para la comunidad venezolana es de contrastes, puesto que se han establecido en la ‘calidez mexicana’, aunque el hecho de lo numeroso, también implica retos mayores.

“Una de las situaciones que hacen que la comunidad sea muy grande, no sólo en México sino en muchos países, es obviamente la cuestión socio-política del país, porque nosotros nos vimos obligados a emigrar”, dice Mariana Rodríguez, quien asegura que el ser la comunidad más grande “es algo muy complicado porque no puedes controlar muchas cosas. No llegas a conocer a todos, y no sabes que están aquí. La gran mayoría, y te puedo decir que hasta el 60 por ciento o más, son profesionales, de los cuales, de este porcentaje, el 40 trae posgrado, maestrías o doctorados, es decir, una preparación muy importante”.

La apuesta es el emprendimiento

Para llevar la vida en Guanajuato, Mariana, como gran parte de la comunidad venezolana, emprende. En su caso, elabora lámparas, porta velas, inciensos y otros artículos a partir de cera y parafina. Dice, los mexicanos se han convertido, incluso, en sus principales clientes y hay una apertura importante para con los extranjeros… lo que también ‘borra’ mayormente la xenofobia.

“No existirá xenofobia, quizá lo hay en algunos casos, pero no como en otros países. En otros países como Colombia, Perú, Bolivia, hay xenofobia, y eso hace que México se vuelva más atractivo, porque no la hay”, dice, y a esto se une la ‘sinergia culinaria’, pues, aunque las costumbres son diversas, los platillos tradicionales bien pueden ceder para dar gusto; “Nosotros no hacemos tinga, pero se pide, y lo hacemos ahora con picante. Es una cosa bonita que se agradece”.

Así, la cocina venezolana ha mutado -también- desde que se radica con mayor fuerza en México. Se les pone salsa a las arepas y se cumple con muchas de las manías -o, mejor dicho, tradiciones- que se mantienen en México. Y esta vía de la cocina, para los extranjeros, funge como una de las grandes ventanas de entrada al país.

En este sector, también se encuentra el ‘Divino Lugar’. Es un local adaptado en una casa, justo en una de las zonas más emblemáticas de León y Guanajuato: El Coecillo. A unos metros de La Candelaria, Milibeth Molina y su familia, también han encontrado un hogar luego de haberse mudado. También optan por la comida… y las arepas aparecen de nuevo (si se piden, con salsa).

“Nos gusta mucho porque la comunidad, de tarde, es muy movida, e incluso a muchos mexicanos ya también les gusta la comida”, dice Milibeth; “Ha sido difícil al principio porque no conocíamos tanto las costumbres, pero fuimos estudiando un poco la parte culinaria de los leoneses, y nos fuimos metiendo por medio de las arepas”, señaló.

Duele ver a Venezuela así

El contraste de la calidez con la que se vive en Guanajuato, se presenta ante la situación actual de Venezuela.

Quienes ahora han forjado un hogar en la entidad, dicen sufrir con lo que pasa a la distancia; hay persecución política y hambre en el país del Sur, por ello, la necesidad de cambiar de aires; “Es una situación lamentable la que se está viviendo por unos cuantos, porque no podemos decir que es Venezuela completa”, dice Mariana.

Esto ha repercutido de manera directa a quienes han decidido mudarse, pues usualmente, se batalla por la liberación de pasaportes, que, de entrada, cuestan 280 dólares (como uno de los más costosos a nivel global) y sin la garantía de que se otorgue. Al no tenerlo, los trámites bancarios, laborales y demás, muchas veces se frenan en México, por eso, la misma comunidad venezolana ha pedido ayuda en el país.

“Nosotros no tenemos la culpa de la situación en la que estamos, y como decimos, quedamos en el limbo. Ni siquiera podemos abrir una cuenta bancaria (…) Vamos cayendo y cayendo y no vemos una salida”, señala Rodríguez, quien recuerda las palabras de una chavista que recientemente dijo en la asamblea que quienes estaban fuera del país deberían perder sus bienes en Venezuela e incluso, la nacionalidad.

Por lo pronto, esta numerosa comunidad de más de 6 mil que se distingue por su amabilidad, el trato directo y por supuesto, las arepas -aunque conlleven una buena salsa- ha decidido quedarse en Guanajuato, desde donde se sueña con un panorama mejor; “A pesar de que el venezolano no está acostumbrado a emigrar, se ha tenido que adaptar a muchas situaciones”, dice Milibeth, mientras que Mariana concluye; “Realmente fuimos una comunidad forzada a emigrar”. Mientras, no se deja de soñar con la paz y la mejora sea donde se encuentre el hogar en el mundo.

EZM