Cerrando con enorme preocupación por la vuelta al semáforo rojo y una estela pandémica en pleno ascenso, esta semana estaremos despidiendo un año por demás terrible. El próximo jueves habremos de recibir el Año Nuevo 2021 desde el encierro y el suspenso de la maquinaria industrial socavada por la ola enfermiza que nos azota.

Este fin de año no será ocasión de los festejos y la algarabía de otros años, ahora el confinamiento y las celebraciones virtuales marcarán las fiestas por terminar un año y comenzar otro lleno de esperanza e ilusión. Este fin de año, al igual que como festejamos la Navidad, será un evento trastocado por un virus que obliga al aislamiento, la mesura, la fiesta tímida y las alertas sanitarias encendidas.

Ahora la cena de fin de año será discreta y austera, casi en pequeña familia, sin la presencia de familiares que vivan fuera del hogar paterno, sin la visita de abuelos, tíos, primos y lamentablemente en muchos casos sin la presencia de seres muy queridos que nos han sido arrebatados por el Covid-19. Muchas sillas vacías y voces apagadas dominarán el contexto sentimental de infinidad de hogares, dejando con ello profunda huella y amargo dolor.

Pero en medio de la preocupación, la tristeza, el llanto y la desolación que acechará la celebración de la despedida de este fatídico 2020, nos reuniremos en familia para agradecer por estar vivos, sanos y ante la luz esperanzadora del año nuevo 2021. La noche de este jueves veremos caer el telón del año apocalíptico de la pandemia y brindaremos efusivamente por un nuevo año de retos y desafíos de alto impacto socio político.

Hoy estamos a punto de admirar el nuevo horizonte, aunque aterrador por el futuro incierto que conlleva, como la oportunidad maravillosa de un amanecer lleno de luz y cargado de buenos propósitos y retos personales. Pero en sí, nuestra presencia en los festejos de Año Nuevo tras 9 meses de restricciones sanitarias, en medio de los más de 80 millones de infectados y el millón 800 mil muertos, debe obedecer a que aún hay que hacer mucho por la humanidad y la preservación del planeta.

Este fin de año al levantar la copa para brindar por un futuro alentador y un destino mejor, hagamos conciencia de la enorme responsabilidad de la autoprotección y la protección de los demás. Hagamos del uso del cubrebocas, de la higiene personal, de la sanitización del entorno, de la sana distancia y la permanencia en casa un hábito de vida.

Ahora es momento de rigorizar las medidas para la contención del Coronavirus, de respetar las indicaciones gubernamentales y de prepararnos para vivir bajo la nueva realidad, una realidad bajo nuevos escenarios económicos, sociales, educativos, culturales y políticos que nos exigirán más responsabilidad y participación. Hoy cuidémonos, ya mañana con el 2021 vendrán nuevas circunstancias, nuevos problemas, nuevos retos, nuevas medidas para seguir dando la batalla por preservar lo mejor de la vida: nuestros niños, niñas y jóvenes.

Para aspirar a un mañana donde nuestra niñez y juventud tengan la oportunidad de ser y hacer por las nuevas generaciones, hoy debemos hacer un alto en el camino para preparar las estructuras sociopolíticas que impulsen la economía y sus retos de innovación productiva, siendo partícipes del juego democrático que también vendrá.

Quizá muchas uvas más caigan antes del brindis, pero en su honor edifiquemos una sociedad más humana, una empresa más justa con un reparto equitativo de la riqueza, un gobierno más eficiente y un futuro progresista. No dejemos que se diluya el destino y la humanidad sea devastada por falta de compromiso y visión de mañana.

Agradeciendo el favor editorial del periódico Correo, esta columna les desea un muy feliz Año Nuevo y que su familia permanezca unida y saludable hasta el final de esta pandemia feroz.

Lo que seamos capaces de construir como sociedad, será la esperanza de un futuro mejor.