AMLO arranca el año… haciendo un AMLO

El presidente ataca al Tec de Monterrey. El presidente dice que la inversión va muy bien a pesar de que las cifras marcan lo contrario. Dice que no hay gasolinazos, pero la gasolina está en su máximo histórico. Ataca otra vez a las feministas, tira línea a los Reyes Magos sobre qué tipo de regalos deben traer, hace una defensa encendida —nunca mejor dicho— de la pirotecnia tan en boga en estas fechas.

El presidente no puede parar de hablar, pero no aborda los temas sustantivos. Cuando le preguntan de los escándalos de corrupción en su círculo más íntimo —dos hermanos, su secretario particular, su oficial mayor, varios de su gabinete—, desdeña con un par de frases. Si le preguntan de economía, miente y dice que todo va bien. ¿La pandemia? Somos de los mejores del mundo. ¿Inseguridad? Ya se logró frenar. ¿Desabasto de medicinas? Ya va a quedar resuelto.

La realidad marcha por otro lado: la corrupción es cada vez mayor, la recuperación económica está frenada, la inseguridad se estancó en niveles récord y el gobierno es considerado internacionalmente uno de los peores del mundo en el manejo de la pandemia. Arranca el año y es cada vez más asombroso atestiguar la separación entre el discurso del presidente y la realidad. La mañanera de ayer es una buena muestra.

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SACIAMORBOS

Desde que era alta funcionaria en el sexenio de Peña Nieto y estaba en la plenitud del poder, en mis distintos espacios periodísticos denuncié los excesos e irregularidades de Rosario Robles a su paso por dos secretarías de Estado. Incluso hace apenas unas semanas en este espacio abordé un retrato de sus prácticas en una serie de columnas.

Habiendo recordado esto, no me queda duda de que Rosario Robles es víctima de una persecución política por parte del presidente López Obrador. No le perdona su relación con el empresario Carlos Ahumada que derivó en la grabación y divulgación de los escandalosos videos del equipo de AMLO cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal.

En un gobierno que se ha caracterizado por brindar impunidad a diestra y siniestra, la saña contra Rosario Robles sólo tiene explicación en el hígado del primer mandatario. Y con esa presión, ¿quién va a ser el valiente juez que se aviente el tiro de sacarla de la cárcel, aún sea para darle prisión domiciliaria, y arriesgarse a que ella se dé a la fuga? ¿se imagina lo que haría el presidente con ese juez, aún cuando existan elementos jurídicos para respaldar su determinación? Así visto, suena a que Rosario Robles estará en prisión.