Opinión Parentalidad

Alianza por el buentrato a la infancia

Los adultos de hoy, somos una generación coyuntural en la historia de la crianza, de la educación, de la disciplina: crecimos con métodos que aún tenían montos importantes de autoritarismo, de maltrato —pequeño o grande, voluntario o involuntario— y ahora nos toca utilizar unos respetuosos de los derechos humanos ya no sólo por una cuestión de responsabilidad, humanidad o de moral, sino porque tal cosa es ley en nuestro país desde la reforma al artículo 1° constitucional en junio de 2011, donde quedó establecido que todas las personas gozan de los derechos reconocidos tanto en la Constitución como en los tratados internacionales ratificados por el Estado mexicano, en los cuales queda estipulado, entre muchos otros, el derecho a una vida libre de violencia, así como a ser educado en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad. Además de que a partir del 12 de enero de 2021 quedo prohibido el castigo corporal y humillante.

Esta es la obligación actual de toda persona encargada del cuidado y formación de niños, niñas y adolescentes.

Pero, ¿cómo practicar algo que no conocimos vivencialmente de manera suficiente? ¿Qué métodos utilizar que no sean los experimentados en nuestro propio proceso formativo? ¿Cómo diferenciar los malos de los buenos tratos cuando a nosotros nos dijeron que aquel golpe que nos propinaron fue por nuestro bien o para que nos comportáramos adecuadamente? ¿Cuáles son las alternativas para educar sin castigos y premios? ¿Qué opciones existen?

Preguntas indispensables. Preguntas que exigen respuesta. Respuesta que aún se encuentra en construcción. Nos corresponde a las generaciones contemporáneas construir la nueva propuesta social de educación y crianza, nos toca dar forma a las nuevas prácticas educativas o disciplinarias. Labor compleja, cuyo requisito previo es la renuncia al paradigma tradicional autoritario con el que crecimos.

¿Se pueden establecer relaciones simétricas, horizontales, igualitarias con los hijos e hijas sin soltar nuestra autoridad? ¿Realmente se puede prescindir de los castigos, premios, gritos, amenazas y chantajes? ¿Es conveniente tomar el punto de vista de los hijos e hijas a la hora de decidir la manera de disciplinarlos y educarlos, tal y como se desprende del artículo 12 de la Convención sobre los Derechos del Niño? ¿Se puede educar sin echar mano del abuso de la fuerza sin caer en la sobreprotección?

Las preguntas anteriores tienen un sí como respuesta. Afortunadamente ya existen papás y mamás que lo practican con éxito.

¿Es simple? No, no lo es. La educación es una de las funciones más complejas al ser una función estrictamente humana. En todo caso, la prisa y poca disponibilidad y energía que en el día a día queda para la crianza debido a la vida acelerada, ha ido generando la idea de que tal función es rápida y simple, lo cual se ha convertido en un factor de riesgo para muchos niños y niñas que ante la prisa son educados con métodos autoritarios, y que por lo mismo terminan manifestando síntomas o malestares —conductuales, emocionales, cognitivos, sociales, etcétera—, síntomas o malestares que los adultos no siempre consiguen asociar con la falta de vínculo, de guía, de apoyo, de acompañamiento sensible.

La educación y crianza es compleja (no necesariamente complicada, esto depende de los recursos parentales, disposición y disponibilidad para vincularse con los hijos, etcétera), más nos vale asumirlo. De lo contrario seguiremos recurriendo a medidas simples, rápidas, que modifican las conductas de manera inmediata pero a un costo elevado para la salud mental de niños y niñas: miedo, angustia, inhibición, alienación, inseguridad, desconfianza, dependencia, rencor, fobias…

La buena noticia es que no partimos de cero. Nuestros padres, madres y el personal docente que nos educó también hicieron cosas buenas en dicho ejercicio, razón por la cual casi todas las personas tenemos hoy recuerdos gratos, asociados al buentrato recibido por ellos: aliento, reconocimiento, mirada, instrucción, amor, soporte, consejo, apoyo… la lista es larga.

Tales cosas sumadas a la información generada por las ciencias humanas acerca de las necesidades del desarrollo infantil y la parentalidad, así como algunas metodologías que ya cuentan con décadas de investigación-acción, son recursos también inéditos en la historia de la crianza con que hoy contamos para conseguir una alianza por el buentrato y, de esta forma, garantizar la salud mental y facilitar la sana convivencia a las siguientes generaciones. Esta es nuestra oportunidad.

Porque las niñas y niños bien tratados son los más aptos para ser las mejores mujeres y hombres, seamos protagonistas del buentrato.

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