Dice el dicho popular que “el prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila”. Ahora sí que los vamos a conocer. Con los procesos de elección pasa algo muy parecido que los métodos de seducción: a la hora de enamorar, estamos dispuestos a decir de todo y a creer lo que nos ofrecen. Pero, una vez obtenido aquello que interesaba —el voto, un beso, un favor—, entonces nos enfrentamos a la verdad y los conoceremos de cuerpo entero. Todavía no tenemos los resultados oficiales, apenas nos estamos enterando de lo que arrojan las cifras preliminares y ya empezaron con sus cortejos, seducciones y alianzas.

Los números nos indican que la voluntad del pueblo fue que la Cámara de Diputados cambiara de composición. Morena sigue teniendo mayoría y para lograr las transformaciones que quieren no les va a ser suficiente las curules que tienen bajo su sello y el de sus aliados. Necesitan más, cinco más para ser exactos. Por eso, ya le andan haciendo ojitos a quienes apenas hace unas horas, estaban tratando como trapeadores, maltratando y tildándolos de traidores y vendepatrias. Así es esto. No extraña que el partido en el poder vaya buscando alianzas para ver como sigue adelante su proyecto. Es evidente que eso es lo que tiene que hacer para cumplir con sus objetivos.

Hemos tenido unas elecciones ejemplares, no queda duda de que la democracia mexicana sigue vivita y coleando a pesar de los zapatazos que le pusieron desde el partido hegemónico al que ya, los electores, le dimos una buena despostillada. No nos gustan los poderes absolutos y absolutistas, ya no tuvieron su oportunidad y el electorado así como dio, quitó. Y, es justo decir, aquí en esta oportunidad, no hubo grandes perdedores: todos se llevaron algo.  Especialmente, los que más ganamos fuimos los votantes que quisimos dar un contrapeso al gobierno actual.

Lo que sí sería terrible, sería confirmar la fragilidad de una alianza en la que entraron PRI, PAN y PRD para ir como bloque en contra del poder irrefrenable que tuvieron tanto el presidente de la República como sus compañeros de partido. México decidió que eso de la falta de equilibrios no le gustó y prefirió romper un aparato que resultó ser aquello que tanto criticaron. El cambio no fue lo bueno que habían prometido y el compromiso con sus votantes se olvidó desde Palacio Nacional. Si los mexicanos hablamos en las urnas y lo que se dijo fue que se necesitaba un balance, sería muy triste ver como los ideales se venden más baratos que el pago de trece monedas.

Ahora, los conoceremos. Veremos quienes son capaces de sostener su palabra y de honrar sus compromisos y quienes se dejan untar el oído con la miel de la seducción. Hoy, la oposición tuvo la oportunidad que se le dio en las urnas, ahora toca demostrar si serán aquello que prometieron. La traición en este caso sería terrible, el desencanto de los electores no soportaría ver como estrellarían la ilusión y romperían la esperanza de una nación.

Lo cierto es que ahora sí veremos si estamos frente a sujetos mercantilistas o si tenemos delante de nosotros proyectos que nos lleven a construir un México de inclusión. Veremos si nuestra democracia es efectiva o si nuestros políticos nos dejaran colgando de la brocha. Ahora, ahora sí, los conoceremos.