La prisa por cortar el listón del aeropuerto Felipe Ángeles no tiene que ver con la imperiosa necesidad de aliviar la saturación aérea en la Ciudad de México, sino con la urgencia del presidente López Obrador de tener oxígeno político y recuperar la narrativa.

El presidente y sus seguidores llevaban casi dos meses de pésima racha. Entrampados en la revelación del escándalo de la lujosa “casa gris” del hijo de López Obrador en Houston. Sin argumentos ante la súbita riqueza del primogénito, el desánimo permeaba en todos los sectores del movimiento. Se les veía, sentía y notaba alicaídos.

El AIFA fue un salvavidas. Por eso lo presumen: no porque sirva, no porque sea funcional ni sea bonito, sino porque lo necesitan. El presidente y sus fanáticos saben que es un aeropuerto mediocre, saben que no está terminado, saben que al día siguiente de la apresurada inauguración ya era un “pueblo fantasma” con un puñado de vuelos y un puñado de pasajeros, saben que en su construcción hubo corruptelas. Pero necesitan taparse los ojos y repetir como mantra que el AIFA les hincha el pecho de orgullo. Es una necesidad política, no una convicción argumentada. Por eso no quieren discutir los temas de fondo. Para no hablar de que no tiene los estándares de seguridad, no se puede llegar y ninguna aerolínea quiere despegar de ahí, se apertrechan detrás de la señora de las tlayudas. Quieren machacar los momentos “de color” de la ceremonia del lunes, para no tener que debatir el fracaso de infraestructura que representa en los días por venir.

Ver nota: AIFA inicia operaciones: sale el primer vuelo a Villahermosa y enlistan 20 más

Hasta ahora, al presidente y los suyos les ha salido. Para distraer la atención de la “casa gris” habían intentado otras cosas: pausar las relaciones con España, insultar a los parlamentarios europeos, pelearse con Austria por el penacho y escupir a Panamá por no aceptar a un acosador de embajador. Nada les había funcionado. Esas cortinas de humo se extinguieron rápidamente: eran distractor de un día, máximo dos, y de inmediato la atención pública regresaba a la casona de Houston, o más recientemente a las escandalosas acusaciones mutuas del caso Gertz-Scherer-Sánchez Cordero…

…hasta que llegó el AIFA. Desde el lunes, el tema ha sido el aeropuerto. Y no por un debate nacional sobre si es viable o es un desperdicio de dinero. No. El presidente y sus fieles han tenido la pericia de enmarcar la discusión como una pelea entre ricos y pobres, aun cuando esa terminal aérea no la van a usar ni los ricos ni los pobres.

¿Cuánto durará este tanque de oxígeno? Es difícil de prever. Lleva cinco días, que al presidente le han de saber a gloria después de casi dos meses de José Ramón López Beltrán. Imagino que López Obrador intentará extender el oxígeno del aeropuerto y ligar el asunto con la revocación de mandato para intentar recargar ahí el tanque.

Ya veremos el resultado de ese ejercicio, y si le da oxígeno o le quita el poco que había conseguido. Y, sobre todo, si el mago sigue sabiendo engatusar a la audiencia, o el público ya le descubrió los trucos y ahora quiere resultados.