Opinión Parentalidad

Adolescentes en conflicto

“No hace caso”, “No obedece”, “No ayuda”, “No cumple”, “No se acomide”, “No se activa”, suelen ser motivos de consulta planteados en psicoterapia por padres y madres de hijos e hijas adolescentes.

El choque entre padres e hijos no se puede evitar. Donde existen dos o más, el conflicto está garantizado. ¿Por qué? Porque hablamos de individuos con percepciones, visiones, necesidades, deseos y momentos de vida diferentes.

En el caso de los y las adolescentes se agrega la ocurrencia de sucesos y movimientos internos de tipo emocional, cognitivo, neurofisiológico, hormonal, etcétera, que les coloca en una etapa de conflicto interno, conflicto consigo mismo. Él/ella no logra ponerse de acuerdo consigo mismo. Sus estados de ánimo fluctúan, pudiendo pasar de la desolación a la alegría de un segundo a otro.

Despedirse del cuerpo que ayer era el de un niño o niña y acoplarse al nuevo que está surgiendo (un centímetro más grande cada día, vellos donde no había, fuerza que con la que no se contaba…), dejar lo lindo, fácil, divertido, seguro de la niñez para asumir responsabilidades nuevas, acoplarse a estos padres que ante la presencia de un adolescente adquieren nuevas expectativas y actitudes… no es cosa fácil, requiere de un esfuerzo mayúsculo.

“No sé qué me pasa”, “Ni yo mismo me entiendo”, “No sé por qué me llega la tristeza y luego se va como si nada”, “No me hallo”, “Nadie me entiende”, “Me siento muy solo”, “No me gusta mi cuerpo”, “No sé qué siento”, “¿Qué onda con mis papás?”, “Siempre quieren que haga lo que ellos dicen”, “No tengo amigos” …, expresiones desesperadas de adolescentes.

La desesperación es la pérdida de la esperanza, de la paciencia, de la tranquilidad. Es el enemigo a vencer por parte de padres e hijos. La consideración de un mal irreparable, la impotencia de lograr una meta, un buen comportamiento, una tarea, empuja a unos y otros a tirar la toalla. Entonces el hijo o hija revienta, y el padre o madre también.

Lo peor que puede suceder es que los padres tomemos el comportamiento inadecuado de los hijos como un asunto personal y nos convirtamos en enemigos. No seamos tan narcisos, sus conductas y actitudes no siempre tienen que ver con nosotros; en esta etapa, generalmente tienen más relación con sus asuntos, con su huracán emocional, sus volcanes hormonales, sus confusiones e incertidumbres, sus infiernos afectivos, sus conflictos sociales, derivados de la rapidez con que los cambios están ocurriendo. De ahí que con cierta frecuencia se les vea ensimismados, callados, “idos”, reflexivos.

Una expresión paterna o materna desesperada, más o menos recurrente suele ser: “Si no lo vas a hacer bien y de buena gana, mejor no lo hagas, mejor lo hago yo”. ¡Cuidado! Procuremos sacarla de nuestro repertorio, pues alienta en el hijo o hija justo lo que deseamos remediar, es decir, su desgano, su irresponsabilidad.

Quedó claro que los y las adolescentes tienen muchas tareas internas qué resolver. Ahí está invertida gran cantidad de su energía. Por tanto, sería más realista una expectativa donde al final simplemente haga las cosas, como sea pero que las haga.

“¡Tiende tu cama antes de salir!”. Bien y de buenas: cantando despliega con habilidad las sábanas y colchas, dejando impecable el tendido. Bien y de malas: tendido bien hecho pero refunfuñando durante todo el acto. Mal y de malas: mal tendido (pero al fin tendido) y mal humor todo el tiempo.

“El bien y de buenas” en ocasiones es imposible para ellos, sólo les alcanza para el “bien y de malas” y en otras sólo para el “mal y de malas”. Conformémonos. Porque cuando terminamos haciendo las cosas por ellos sólo porque no lo hacen de buena manera y con actitud positiva, les transmitimos un mensaje lamentable: “Eres un irresponsable, incompetente e inútil”, cuando en realidad sólo se trataba de la experimentación de un mal momento. Pero para entonces el mensaje negativo está dado y recibido, presto a formar parte de su identidad.

Seamos empáticos con ellos. Podemos serlo porque una vez fuimos adolescentes. Recordemos sus implicaciones. Seamos firmes para que cuenten con límites contenedores y aprendan a respetarlos y a respetarnos, así como gentiles y cálidos, pues ellos y ellas requieren sentirse respetados y dignos siempre.

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