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Adiós a las reinas: una tradición a punto de morir

Óscar Jiménez

León.- Han pasado 117 años desde la primera vez que una mujer fue erigida reina de la ciudad en León, Guanajuato. La elección, que combina un tanto de relaciones públicas con otro tanto de aportaciones económicas del sector empresarial, ha sido también, un ejercicio criticado a lo largo de los años, al punto en que, hoy en día, la ciudad no tiene reina.

En distintas ciudades del país, la tradición convocaba (o convoca aún) a lo mismo: cada año, en sus fiestas más importantes, una mujer era coronada como reina de la zona. Este acto, donde literalmente se vestía a las mujeres con atuendos que bien podían simular un traje de hada, con la respectiva corona incluida, implicaba para las seleccionadas, servir como bastión de gestión de recursos para la municipalidad, pero también como ícono. En León, el acto se representaba con la cumbre de las fiestas de enero, con la celebración de la fundación de la ciudad y la típica Feria.

Sin embargo, el proceso de elección de reinas de ciudad no nació como un evento de buenas a primeras, sino que desde 1907 se tiene el registro de la primera mujer que fungió como reina, aunque entonces, más bien des de su cercanía al Ayuntamiento leonés y la proyección desde el Palacio Municipal. Entonces, Lolita Torres Márquez era coronada como la reina de la ciudad, para dar pie a una celebración que sobrepasaría el siglo de historia.

Con María Dolores, la historia ha ido más allá, dado que a la postre, Lolita James Torres, su hija, también sería reina de la ciudad, y eventualmente su nieta, Lucía Battaglia James, también. Y es que en este ejercicio también se han dado sucesiones del tipo, donde en diversas épocas mujeres con parentesco han ocupado el ‘distinguido trono’ de las reinas en la ciudad.

La tradición como se conocía terminaría en 1934, dado que, a partir de entonces, se impondría el título como tal de ‘reina de la ciudad’ para las elegidas, siendo la primera en llevarlo Herlinda González Gascón. Sería hasta 1943, con Bertha Madrigal Carpio, que la tradición se convirtiera en un suceso ininterrumpido, prácticamente hasta pasada la primera década del nuevo milenio.

“Ser reina fue una cosa muy bonita, todas las mujeres somos un poco coquetas, pero ser reina era toda una distinción muy grande, al principio me dio pena, incluso puse la condición de no subirme a los carros alegóricos, pero la gente se portó muy bien conmigo”, dijo Lolita James hace más de décadas a la revista leonesa Perfiles, misma de la que aún se guarda el registro en el Archivo Histórico de León.

El freno del gobierno de Bárbara

El elegir una reina para la ciudad, entre las mujeres cercanas a la órbita de la administración municipal, asociaciones civiles y el rubro empresarial, fue una práctica que antes sólo había sido detenida en 1946 (aunque se eligió a Margot Junquera) a causa de la matanza en la Plaza Principal, en el evento que ahora se conoce como ‘Mártires del 2 de enero’. La segunda ocasión que la celebración ya no tendría lugar llegaría casi 70 años después, tras la intervención del gobierno priista de Bárbara Botello Santibáñez.

“Era muy importante acabar con ese elitismo, aquí quien representa la ciudad no es una mujer bonita y una mujer con dinero, quien representa a la ciudad es el trabajo”, dijo en 2014 la entonces alcaldesa, Bárbara Botello, aunque previamente la regidora Beatriz Manrique había expuesto también, el desacuerdo de una parcialidad, que al final, el DIF municipal aceptaría y dejaría en ‘stand by’, al menos por un par de años.

Última coronación

Sería hasta 2016, cuando se retomaría el ejercicio de elección de reinas de la ciudad que, entre otras labores, tienen también, la de apoyar a las comunidades que más le requieren con algunas campañas elaboradas con el DIF y la administración municipal en general. Para aquel año, sería elegida Ana Victoria Loza, mientras que para 2017, Luciana Miranda Pons y en 2018, Emilia Ramírez Huerta, sería la última reina de la ciudad.

En los dos últimos años, ya con un gobierno panista, encabezado por Héctor López Santillana, la elección de una reina de la ciudad desapareció sin dejar mayor explicación al respecto, y con ello, se frenó más de un siglo de la práctica en donde se conjuntaban ayuntamientos, asociaciones y el sector empresarial.

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