Después de concluido el proceso electoral, los partidos políticos entrarán en fase de reestructuración con el fin de preparar la siguiente contienda. Todos debemos acordar, la necesidad de que esas instituciones, logren elegir, para aplicar la normatividad que los rige, a las personas mejor calificadas en talento, prudencia y valores consolidados a través de su historia de vida.

Todos los partidos políticos tienen entre sus haberes de: simpatizantes, militantes y gente experimentada, personas valiosas, con capacidad y vocación para echase a cuestas, la tarea de conquistar para su causa voluntades ciudadanas, que apoyen su estancia entre los contendientes.

Empero, quienes encabecen esos quehaceres, deberán tener clara conciencia de adonde pretendieron llegar en el campo del desarrollo social, quienes emprendieron la difícil empresa de concebir un proyecto de nación.

Algunas tendencias ideológicas, han sostenido la inutilidad de llevar a la conciencia ciudadana, una serie de principios reguladores de conducta grupal; sin embargo, quienes sucumbieron a esta forma de pensar y llegaron a formar parte de gobiernos, pronto se dieron cuenta que el ser humano, aunque mantenga conducta a distancia de los valores, tratándose de la vida pública, pronto se llega a la anarquía con violencia, reclamando volver a la normalidad, mediante conductas públicas que, si bien, se alejan de los valores, no sean militantes de tendencias ideológicas que prefieran abiertamente el disvalor.

Las normas de conducta, a diferencia de las leyes naturales, contienen en su esencia la posibilidad de ser violadas. Empero, tratándose de las normas jurídicas, para conservar su naturaleza, requiere de lo que se ha dado en llamar facticidad, es decir, debe tener un rango de respeto que, entre la población, dé lugar a la confianza de su efectividad, en la conduta social, para propiciar la paz.

En los organismos sociales, como los partidos políticos, es necesario, que la normatividad que les rige, tenga tal rango de vigencia, que mantenga la confianza de quienes militan por respeto a los ideales políticos que sirven de sostén a su militancia partidista.

Para ser dirigentes políticos, deben ser llamados y apoyados permanentemente, personajes capaces de: respetar la palabra empeñada; tener un firme criterio de justicia y poseer un concepto definido de la esencia de la persona humana.

El dirigente político debe tener en alta estima la historia, como maestra de la vida, tanto en el orden individual, como en el desarrollo de la institución, cuyo destino le es conferido. El dirigente tiene la enorme responsabilidad ética, de promover a los mejores ciudadanos, para formar su equipo de trabajo e integrar gobiernos. Evitar promover para cargos públicos, con fines ajenos al interés de la población, será punto de apoyo, para alcanzar la paz social con justicia.

Todos los partidos tienen la posibilidad de contribuir para integrar candidatos y gobiernos dignos. La tarea es sin duda ardua, pero vale cualquier sacrificio, hacerla realidad.