Agencias

Los Ángeles.- David Bowie no sólo enseñó al mundo lo que es la libertad, fue múltiples leyendas a través de los alter ego, Ziggy Stardust, The Thin White Duke, Major Tom, Detective Nathan Adler, Ramona y A. Stone, con los que murió, renació y marcó a la sociedad mundial por décadas a nivel social, político y cultural. 

Hoy se cumplen cinco años de su muerte, un icono musical que dejó como testamento un disco, ‘Blackstar’, reconocido por crítica y público como uno de los mejores de la historia. Algo de lo que pueden presumir pocas estrellas, pero es que eso queda sólo al alcance de personajes tan carismáticos como ‘El Duque Blanco’.

El legendario músico británico pionero del ‘glam rock’ y referencia de legiones de artistas, falleció el 10 de enero de 2016 a los 69 años (dos días después de su cumpleaños) en Nueva York, a causa de un cáncer de hígado que padecía desde hacía 18 meses.

La noticia dejó en shock a miles de personas, ya que tres días antes había publicado su último álbum: ‘Blackstar’, su 25 álbum de estudio, que visto, con retrospectiva, contiene lo que, según sus estudiosos, parecen referencias a su propia muerte. ¿Un presagio o la última gamberrada del artista sabedor de su suerte?

Bowie se llevó la respuesta a su tumba, pero la letra del primer sencillo del álbum, ‘Lazarus’, no deja lugar a la duda: “Mira aquí arriba, estoy en el cielo, tengo cicatrices que no se ven, tengo drama, no puede robarse, todo el mundo me conoce ahora”.

Además, el videoclip de este tema, de unos cuatro minutos, muestra a un Bowie pálido y con los ojos vendados, levitando en la cama de un hospital.

Con sólo siete canciones y unos 45 minutos de duración, el disco póstumo es el único trabajo que no presenta una imagen del músico en la portada. En su lugar aparece una estrella negra, que si se pone a la luz del sol se transforma en un campo de estrellas brillantes, y si se pone bajo rayos UV, se ilumina como si fuera una galaxia con estrellas de color azul.

Pero la fama ya había sonreído a Bowie más de cuatro décadas antes, en 1972, cuando publicó su quinto álbum de estudio ‘The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars’, lleno de letras misteriosas y electrizantes, y acompañadas por su imagen, tan espectacular como ambigua.

Bowie tenía una vocación artística innata que lo llevó a tentar la pintura, el diseño y la escritura, y a alternar la música con el cine.

Más allá del triunfo que supuso la película juvenil Laberinto (Jim Henson, 1986), donde compartió reparto con una debutante Jennifer Connelly, el británico participó también en La última tentación de Cristo (1988) de Martin Scorsese, donde interpretaba a Poncio Pilatos.

También actuó en el papel de Nikola Tesla, junto con Christian Bale y Hugh Jackman en la cinta de Christopher Nolan, El truco final (2006) basada en la novela epistolar de Christopher Priest que trata sobre la rivalidad de dos magos de principios del siglo XX. Toda una paradoja para el considerado mago de la música pop de las décadas de los años ochenta y noventa de ese mismo siglo.

EZM